10.6.14

Presentación en Salamanca de 'La Fiera'

La Fiera Ben Clark


Presentación en Salamanca de 

La Fiera

de Ben Clark















28.5.14

Presentación en Barcelona

La Fiera Ben Clark



Ilustración: Dídac Plà



Big Bang



Atrás y más atrás, hasta el principio 
cuando todo ardía y nada 
era complejo, nada complicado. 
Atrás, hasta el calor 
primigenio, los fuegos que engendraron 
universos y dioses y taxímetros, 
frases largas y días sin que llames 
y camareros torpes 
y niños insolentes y los jueves 
por la tarde sin nada en la nevera 
todo 
y atrás y atrás de nuevo 
al instante anterior a la gran fiesta, 
todo está preparado, 
sólo falta que venga todo y tú 
también, unos millones de años tarde, 
claro, 
hasta este mundo frío de materia 
pervertida y promiscua. Atrás y atrás, 
quiero esperarte aquí, 
en esta oscuridad del porvenir, 
expectante y ansioso, 
y nombrar uno a uno los objetos, 
las cosas, a medida que se expanden, 
hasta llegar a ti, de nuevo a ti, 
y no decirte nunca que he viajado 
al principio de todo muchas veces, 
que te he visto desnuda por primera
vez incontables noches, 
pero siempre distintas (¡fiel azar!), 
y siempre con la duda, el miedo frío 
de no saber si estoy en este mundo 
o en otro donde nuestros cuerpos no 
se unen hasta explotar; 
en otro donde no yacemos juntos 
mirando al techo, a todo 
lo que hemos generado con deseo: 
el universo joven y voraz 
sobre el cual no tenemos ya control. 


Ben Clark
La Fiera 
Ed. Sloper, 2014





23.5.14

Llegó el día





Pantalla Niño


Todo estaba al alcance en aquel tiempo.
Los grandes bombarderos se cargaban
de aquel genial invento de los hombres;
la palabra amarrada a la columna.
Y cuando los motores estridentes
rugían sobre plazas y colegios
–sus miasmas lamiéndole los ojos
a los mismos que el ruido ensordecía–,
era fácil dejar la rebelión
en manos de otro día, otro momento.
Sobre la Red, las moscas navegaban
inconscientes. Felices. Deslumbradas
por la angulosa luz.
Llegó el día;
las membranas de acero inoxidable
espetaron entonces
un último mensaje.
No hablaba de esperanza.
No hablaba de futuro y sin embargo
lo escucharon los árboles resecos,
lo adoraron las rosas macilentas,
los perros embozados, los canarios
neuróticos, los óvulos de hielo
y los niños besados por el cólera.
Ya no era necesario hablar apenas.
Ya no quedaba nada que decirse. 




B. C.
Los hijos de los hijos de la ira 
Hiperión. 2006




20.5.14

Illa - Projecte Mut










Canción 'Illa' de Projecte Mut
basado en el poema 'Illa' de Ben Clark


www.projectemut.com




17.5.14

Presentación de 'La Fiera'

La Fiera Ben Clark




La Fiera

Y hoy escribo una columna sobre un libro de poemas. ¿Qué función puede cumplir la poesía en las páginas de un diario generalista? Tal vez ninguna. Los antiguos dioses, jóvenes como promesa fetal, esperan agazapados su momento; pero su momento, me hago cargo, no es esta columna. Esto sólo es un capricho mío, y una prueba de gratitud lectora: qué gran libro es La Fiera, de Ben Clark (Editorial Sloper, 2014).

Bueno, también es un aviso a navegantes: Clark presentará La Fiera el próximo viernes en la ibicenca Librería Hipérbole, acompañado por Pep Tur. Como el autor es buen mozo y encantador, un poco George Peppard sin prisas, el acto es un must. 

Hay dioses atravesando, muy discretos, los versos de este joven ibicenco de trayectoria saltarina (lo mismo le canta a la Basura (Editorial Delirio) que a la zoología) y mirada limpia y densa. Están ahí desde el principio, como lo está el viaje, que se parece mucho a la vida y a las cosas importantes dichas sin ponerse estupendos. Y está el amor, cantado casi como si fuera otra cosa, como si fuera una pelea en la jungla o una película en la que nadie salva al mundo del fin del mundo, porque total. 

Yo lo que le pido a la poesía, cuando me da por pedirle algo, es que en ella se confundan el instante y la eternidad; que esté salpicada de revelaciones, aunque sean pequeñas, aunque nazcan de la contemplación de la pinza de la ropa; que pueda leerla muchas veces como tarareo una canción de Battiato (si prendre tutto, anche il caffè…) y hasta recreo con los dedos el aporreo del infernal Casio, sólo que cada nueva vez no me sienta de nuevo en casa, sino en una casa nueva, un poco más amplia y acogedora. Todo esto lo tiene La Fiera, un libro tan natural y cercano y cósmico que como repase lo que he escrito me arrepiento: no hay que escribir de La Fiera, todavía no. Hay que leerla, de momento. Leer esto, por ejemplo: “no es raro que sucedan los milagros. / Lo raro es que sucedan por escrito”. O esto: “Porque fui de titanio dos años y tres días / puedo hablar de los deseos del frío, / de la quietud y el eco / de los polideportivos. Dos años / y tres días enteros sin llorar. / Metal”. Pero suceden. 

Miguel Dalmau y Vicente Valero, que van a misa, recuerdan en la contraportada de La Fiera que Ben Clark es un poeta bastante anglo, con su metafísica de miércoles por la tarde y su dicción sutil, con su ironía divertida y su universo en un canto rodado. Esto es hermoso y paradójico, porque yo juraría que también es un poeta mediterráneo, aunque sólo al final entre en escena el almendro en flor, como el niño más guapo de la función escolar, “antiguo dentro de un mundo viejo”. Y quizá sin pensar en ello, es un poeta isleño que aunque viaje lejos siempre vuelve “al centro inestable de los límites”. Como son isleños, a la contra, Los extraños de Valero Editorial Periférica) o los viajes dandi y exóticos de Enrique Juncosa en Los hedonistas (Los Libros del Lince). Por cierto, ¿qué ocurre en Ibiza? Parece de pronto un pequeño centro literario del mundo. 

 Josep Maria Nadal Suau 

(El Mundo, 17 de mayo 2014)




4.5.14

Cubierto




Ordenando sin asco las cucharas
de un restaurante caro recordé
las olas y a mi madre.

Había varios tipos de cucharas
–postre, con leche y solo– y no era raro
que apareciera un huérfano;
un pobre desterrado de quién sabe
qué franquicia, qué bar, qué casa sola.

Estas piezas bastardas acababan
todas juntas
en un tupperware blanco
sin tapa –y eran muchas, y distintas–.

Ordenando y puliendo las cucharas,
en los últimos días del verano,
pensé en mi madre blanca con los ojos
recorriendo las olas,
                             en busca del pequeño
que no sabe que está tumbado dentro
del barco inflable azul. Pensé en el mar.
En sus corrientes raras, en los sitios
que visitó mi madre en su cabeza.
Los cajones oscuros de la mente.

Pero me incorporé y gritó y la cosa
quedó en algo que padre no sabría.

Un objeto pequeño
que, empujado por quién sabe qué miedos,
reapareció de pronto,

en los últimos días del verano. 




Editorial Sloper, 2014











20.4.14

La Fiera y La Fera

La Fiera Ben Clark


La Fiera, de Ben Clark. 
ISBN: 978-84-942494-0-2
Precio con IVA: 11.00 €







La Fera Ben Clark Yannick Garcia

24.3.14

'En legítima defensa. Poetas en tiempos de crisis'

Poesía Bartleby Editores


En legítima defensa. Poetas en tiempos de crisis 


 1ª Edición: marzo de 2014 

PVP: 13 €


350 páginas












17.3.14

Arte






The disease had sharpened my senses
Edgar Allan Poe


La doctora dibuja un corazón
que no tiene forma de corazón.
Un corazón enfermo, un vienés
que baila mal el vals; la bomba atómica
del hombre que hay sentado a mi derecha.

Y juntos contemplamos al culpable.
Y juntos contemplamos a la víctima.
Su representación (esto no es…).
La doctora dibuja un corazón
y explica que la muerte llegará

aquí, o aquí, o aquí, o aquí
aunque puede que no, puede que no.

La doctora no sabe dibujar
pero traza sin miedo,
y al hablar por teléfono sombrea
los bordes con un gesto de fastidio.
«Ya lo decía Hipócrates…», nos dice,
y antes de despedirnos guarda el esbozo enfermo
en un cajón con llave.



B.C.





24.2.14

¿Cómo se dice esto que no perdura?


Roberto Bolaño


           
Roberto Bolaño: ¿Cómo se dice esto que no perdura?
 Cristián Warnken: ¿Lo efímero?
Entrevista. 1999.




Esto que abrasa
y languidece
un momento después de haber colgado,
cómo se dice el rato que vivimos
antes de la noticia de la muerte,
todo lo que ocurrió entre los silencios.
¿Cómo llamamos
al espacio que queda en el cilindro
del bolígrafo sin tinta?
¿Cómo se llama el hijo que no tengo,
el libro que me hubiera liberado
de aquel funesto amor?
–¿Cómo se dice cuando uno ama así?–
¿Cómo se dice esto que nos falta,
ahora mismo,
mañana, esto que falta y siempre falta
un día antes, en otro sitio, en otra
habitación?
Esto que perseguimos toda una vida en vano,
esta pequeña estafa que nos mueve
y seduce y obliga a continuar,
ciegos, locos y solos. 



B.C.
De La Fiera

Imagen: www.elextrarradio.com









14.1.14

'El poema más peligroso del mundo' de Arwel Cadwgan

Door


El poema más peligroso del mundo

Estoy ileso y sentado en una casa grande. 
Alguien ha entrado a la fuerza. 
Más de uno. Quizá más de dos. Ellos
no saben que yo estoy en la casa. Quizá
no les importe. Por ahora están en la planta baja
destruyendo cosas, guardándose otras, gritando
órdenes con palabras que no entiendo. 

No es dinero lo q buscan, no es venganza,

hasta donde sé no hay ninguna razón
para q ahora estén callados
detrás de la puerta del dormitorio. Escuchando 
rompiendo
la puerta mientras yo tecleo el 


Arwel Cadwgan
Traducción de Ben Clark




 The most dangerous poem in the world


I am sitting here unharmed in a big house.
Someone has broken in.
More than one. Maybe more than two. They do
not know that I am in the house. Perhaps
they do not care. For now they are downstairs
destroying some things, taking others, shouting
orders with words I do not understand.

It's not money they're after, not revenge,
as far as I know there's no real reason
for them to all be silent now
behind my bedroom door. Listening 
kicking
it in while I sit typing out the most





Arwel Cadwgan

4.1.14

'Donde la acera acaba' de Shel Silverstein

Where the Sidewalk Ends



Hay un lugar, un sito, donde la acera acaba,
donde la calle aún no ha comenzado;
allí la hierba crece blanca y blanda
y allí el sol carmesí brilla y calienta
y allí la luna alada reposa de su vuelo
y se baña en la brisa mentolada.

Larguémonos de aquí, donde el humo es tan negro
y las lúgubres calles nos constriñen.
Lejos de las canteras de las flores de asfalto
con pasos calculados y sin prisa,
que nos guíen las flechas de tiza blanca al sitio
donde la acera acaba.  

Sí; sin prisa y con pasos calculados,
por el camino blanco de las flechas de tiza
que pintaron los niños, porque los niños saben
bien cuál es el lugar donde la acera acaba. 




 Shel Silverstein
Where the Sidewalk Ends (1974)
Traducción de Ben Clark




Where the Sidewalk Ends


There is a place where the sidewalk ends
And before the street begins,
And there the grass grows soft and white,
And there the sun burns crimson bright,
And there the moon-bird rests from his flight
To cool in the peppermint wind.

Let us leave this place where the smoke blows black
And the dark street winds and bends.
Past the pits where the asphalt flowers grow
We shall walk with a walk that is measured and slow,
And watch where the chalk-white arrows go
To the place where the sidewalk ends.

Yes we'll walk with a walk that is measured and slow,
And we'll go where the chalk-white arrows go,
For the children, they mark, and the children, they know
The place where the sidewalk ends.



 Shel Silverstein


30.12.13

'El Año Nuevo' de Edward Thomas







Él fue el único hombre con el que me encontré en el bosque
aquella tormentosa mañana de Año Nuevo; y a primera vista,
a cincuenta yardas, no podía determinar hasta qué punto
era un hombre aquel extraño trípode. Su cuerpo,
inclinado, se sostenía por igual
en parte con las piernas, en parte con el rastrillo:
de este modo descansaba, mucho menos parecido a un hombre
de lo que su carretilla, de perfil, pudiera parecer un cerdo.
Pero cuando vi que se trataba de un anciano inclinado,
me vinieron a la mente 
los juegos en los que los niños se inclinan así; High-cockolorum
o Fly-the-garter, y Leap-frog*. Con el sonido
de los pasos empezó a enderezarse;
su cabeza giró bajo su capa como la de una tortuga,
se sacó de la boca una pipa sin encender
y, cortés, antes de que yo le deseara «Feliz Año Nuevo»,
murmuró con la cabeza mirando hacia arriba
–o por lo menos eso pude oír entre el rugido de los árboles–
«Feliz Año Nuevo, y que venga deprisa, de paso»,
al pasar yo caminando, y se puso de nuevo a rastrillar.




Tres juegos parecidos a jugar a la pídola, al burro o al pico zorro (N. del T.)



Edward Thomas

Traducción de Ben Clark
Poesía Completa. Ediciones Linteo, 2012.



The New Year



He was the one man I met up in the woods
That stormy New Year's morning; and at first sight,
Fifty yards off, I could not tell how much
Of the strange tripod was a man. His body,
Bowed horizontal, was supported equally
By legs at one end, by a rake at the other:
Thus he rested, far less like a man than
His wheel-barrow in profile was like a pig.
But when I saw it was an old man bent,
At the same moment came into my mind
The games at which boys bend thus, High-Cockalorum,
Or Fly-the-garter, and Leap-frog. At the sound
Of footsteps he began to straighten himself;
His head rolled under his cape like a tortoise's;
He took an unlit pipe out of his mouth
Politely ere I wished him "A Happy New Year,"
And with his head cast upward sideways Muttered--
So far as I could hear through the trees' roar--
"Happy New Year, and may it come fastish, too,"
While I strode by and he turned to raking leaves.


Edward Thomas




29.12.13

'Violencia' de Richard Robbins



Helicóptero Rescate





Al decir tiempo, se refería al abrigo de visón de su abuela, rasgado todavía
       tras el belicismo de tanta cena formal, que aguantaba la respiración dentro de la
       bolsa transparente de la tintorería en el armario.
Cuando decía tierra, se refería a las medias lunas que hay bajo cada uña, a las
       distintas historias que podrían relatar del cuerpo.
Cuando decía cielo, se refería a todo lo que era variable y que la superaba.
Cuando decía alma, se refería a todo lo que estuviera más allá del cielo o más cerca, aquí, 
        dentro del primer mundo.
Cuando decía el mal, se refería al pie que hacía rodar a la chica hacia la cuneta, al 
        silencio de blanca antes de la mentira, a la mano que redactaba la orden ejecutiva, al 
        aire sencillo y rancio que inhalaba antes darle la espalda.
Cuando decía amor, se refería al embalse que se vaciaba, a la explosión de agua que bajaba  
         por el cañón; todos los eucaliptos, los coches, y los hogares quebrados de los ricos  
         arrastrados hacia la cuenca. Más allá, en el llano, en los edificios de una sola planta, 
         estaban los humanos que no podían hacer otra cosa que soñar que el amor
         les inundaba también, que los conducía junto a los animales hasta el tejado, donde en 
         el centro del torbellino un arnés amarillo vendría a buscarlos, para izarlos hasta la 
         lúgubre habitación que flotaba en manos de 
         las aspas afiladas. 



de When the other man asked him did he pray (inédito)

Traducción de Ben Clark















Violence


When she said time, she meant her grandmother’s mink coat, still torn 
      from the formal dinner wars, holding its breath under the clear 
      laundry bag in a dark closet.
When she said earth, she meant the moon under each fingernail, the 
      different stories they could tell about the body.
When she said sky, she meant everything changeable and above her.
When she said soul, she meant everything beyond sky or closer, here 
      inside the first world.
When she said evil, she meant the foot rolling the girl into the ditch, the 
       two-beat pause before the lie, the hand writing the executive order, the 
      easy stale air she breathes before turning away.
When she said love, she meant the reservoir emptying, the rush of water 
      down the canyon, the eucalypti, cars, and broken households of the 
       rich jostling toward the basin. In the one-story homes lower down, 
        human beings could only dream of the love coming their way, driving 
       them and animals to rooftops where in a rush of air the yellow sling 
       would come to find them, to lift them into the dim room held aloft by 
       each slicing blade.






Richard Robbins