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You only love once

(escuchando a Loussier en la cocina)


Cuida que estén visibles los rincones,
-dijo una vez mi madre-;
no existe otro secreto para un aspecto limpio.

Desdeña el fuego lento,
compra un buen suavizante pero vasos baratos.

No intentes comprender cuando estés triste.
Olvida, cuando puedas olvidar,
y no llames jamás más de dos veces
sin que nadie descuelgue al otro lado.






El Vestit - dels Nens Eutròfics




Antonio Gómez en Salamanca. 26 de Noviembre 2009


El SDLM os invita a la charla de

ANTONIO GÓMEZ

Vamos a ver poesía


Será el jueves, 26 de noviembre
a las 18:00 h. en la SALA DE JUNTAS
de la FACULTAD DE FILOLOGÍA
(Salamanca)








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Buzón de José Rivera: 'Pequeñas conversaciones' de Rafael Saravia

Rafael SaraviaHoy en el buzón, un libro que llevaba tiempo esperando: Pequeñas conversaciones de Rafael Saravia, con prólogo de un poeta menor que no importa mencionar.

Edita Amargord (1ª Ed. Septiembre de 2009).

PVP con IVA: 8 euros.

ISBN: 978-84-92560-17-2

web del autor: www.rafaelsaravia.es

"(...) Estas son algunas de las cosas que suceden con Pequeñas conversaciones, pero no todas: estos poemas no los desencadenó Rafael Saravia (y me va a perdonar Ángel González el plagio); nacieron del diálogo íntimo que mantuvo el poeta con la lectura de otros poetas, de la conversación mínima entre el verso y el hueco que iba dejando Rafael sobre el folio, para que cupieran más palabras. Los que leemos a Rafael (y antes de escribir esto he consultado con los otros tres) conocemos su gusto por el intercambio epistolar y el diálogo (recordemos Desprovisto de Esencias. Ed. Renacimiento), y en ese sentido algunas de las cosas que más nos gustaron de aquel libro se encuentran también en el presente volumen: la poesía es una conversación; la poesía es movimiento; la poesía camina in-extremis por el filo de mi desgana, como escribe el poeta en estas páginas. (...)"

Extracto de 'Un prólogo contra prologar a Rafael Saravia' de B.C.


“El único rincón, enmohecido entre las paredes de una
obra perdida en el tiempo”
Sergio Santa Cruz



XIX

La vida, en sí, no se descuida.
Tornan los ciclos, lentos,
a lo sumo precarios en sus formas.
Llueve entonces más despacio
y el tiempo, con otro olor, de otra forma,
pasa con urgencia de inquilino.

Rafael Saravia







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Los hijos de los hijos de la ira... o no.






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3 Novedades Editorial Delirio

Ya están a la venta los nuevos libros de la colección Krámpack de poesía de la Editorial Delirio:



Editorial Delirio
¿POR QUÉ LA CARNE, SEÑOR, LA TURGENCIA, LAS CÉLULAS
ahítas a lo largo del camino, los secretos
lugares, la oscuridad latente
en ese centro, las pequeñas espinas
que alimentan la sangre? ¿Por qué los huesos, la albura
siempre oculta de los huesos?
¿Los órganos contrechos; esa arritmia, ese dolor
en el insomnio, ese perfume
lento, caminando hacia el espíritu
indeciso, el malestar de lejanía? ¿Por qué si rubio o trigueño
o pelirrojo
el centro? ¿Por qué los muslos fiables, Señor, los muslos,
como agua, leche y mirra? Las rodillas,
Señor, las comisuras entre muslo y pantorrilla?
Esa rayita, Señor, no tan rayita,
justo en el blanco, Señor, ¿por qué?
¿Por qué la oscuridad de los pezones y la línea
convexa de la espalda? Los ojos,
Señor, y las mejillas, las clavículas y el centro,
oscuridad cegada, tan hondo,
tan centro, tan profundo. ¿Por qué la noche
inmensa, el infinito,
en ese centro?


Miguel Aguilar Carrillo. Muchacha en la Playa. Editorial Delirio. 2009







Luis Felipe Comendador



Antonio Orihuela



Más info: info@delirio.es

Cómo alimentar una cobra (o es mejor no morir como Francis Bacon)




El que no aplique nuevos remedios debe esperar nuevos males, porque el tiempo es el máximo innovador.

Sir Francis Bacon



Verá, si ha adquirido ratones congelados, seleccione uno para alimentar a su cobra y proceda a su descongelación. Se recomienda que deje descongelando al roedor a temperatura ambiente, de forma natural, ya que el uso del microondas podría no descongelar del todo el alimento o tener algún efecto indeterminado sobre su cobra. Una vez descongelado, o mientras se descongela, rellene un recipiente bajo con agua mineral sin gas: las cobras necesitan abundante agua tras la ingestión de alimento y de no saberla cerca es posible que su cobra decida no alimentarse. Procure ofrecer un lugar aislado y tranquilo cerca del agua para que la cobra descanse y comience su tediosa digestión. Cuidado: la cobra puede ponerse muy violenta si se la molesta después de haber comido. Hasta donde se sabe, el filósofo y estadista Sir Francis Bacon siempre ignoró dos cosas: que un día existiría una página web donde sería posible ver un video que instruyera, a quien le interesara, con la metodología precisa que se requiere para nutrir a una cobra y que nacería cuatro siglos después de su muerte un pintor con su mismo nombre y, como él, también homosexual. Aquello no impidió, sin embargo, que le ofreciera al mundo un instante de estética sublime al morir congelado mientras intentaba rellenar un pollo con nieve en nombre de la misma ciencia que permitiría, con el tiempo, congelar ratones para cobras. Como usted comprenderá, señor comisario, no creo en las casualidades.
¿Y dice usted que la documentación se encontraba en el interior del vehículo extraviado?
Robado, commissar, robado. Como un colgante que tuve que representaba, usted comprenderá, un barco. Fue en verano, un verano y no importa mucho cuál, yo era muy joven en cualquier caso; entre el aparcamiento y la playa había dunas y un bosque de árboles retorcidos a causa del viento constante. Yo tenía una novia rubia que todo el mundo confundía con mi hermana y este incestuoso equívoco fue, me doy cuenta ahora, la base de nuestra relación o, por lo menos, fue lo que me llevó a sentir algo por ella. Esto, sin embargo, no es imprescindible para su informe pero me parecía que a usted podría interesarle. Naturalmente. Pero volviendo al robo que es, claro, tema de su competencia debo advertir que tuvimos –o tuvo el amor adolescente– cierta culpa o toda la culpa, usted comprenderá. Por temor a los efectos corrosivos de la sal –que yo ya había advertido en un verano anterior al recorrer en bicicleta la playa de Omaha o puede que no fuera Omaha– decidí dejar aquel colgante pendiendo de una rama seca de uno de aquellos árboles retorcidos, junto a otras pertenencias que no tiene por qué anotar, para poder dedicarme sin más preocupación a la lujuria acuática y al roce premonitorio junto a mi falsa hermana. Usted, que ya debe estar curado de espanto, imaginará sin duda cuál fue el escenario que descubrí cuando, estimulado e inconsciente, regresé a nuestro refugio del mundanal ruido, entre los árboles retorcidos por el viento. Mi colgante, junto a otras pertenencias que no tiene por qué anotar, había desaparecido.
¿Estaba el vehículo a su nombre?
El caso es que ella también desapareció, con el tiempo. Ignoro si también me la robaron o si en algún momento fui yo quien la extravió, por utilizar la misma palabra que usted, o si sencillamente se cansó de no ser mi hermana o si en algún momento ella pensó que no podía ser mi hermana o mi novia y sencillamente se fue. Con esto no quiero sugerir que ella tuviera nada que ver con el robo de mi colgante ni, aunque esto no podemos descartarlo del todo, con el robo de mi coche, usted comprenderá.



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Seat Ibiza (Marvin) In Memoriam (2003-2009)

Gladly gave me everything you had and more
You craved my happiness.

AKIRA YAMAOKA




Marvin Seat Ibiza

Kseniya Simonova







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Novedad Editorial Delirio: Dientes de Leche - Luis Felipe Comendador

Editorial Delirio
Editorial Delirio

Quisiera hablarte ahora de la orilla

No es agua ni arena
la orilla del mar.
JOSÉ GOROSTIZA
Para Hernán Bravo Varela


Quisiera hablarte ahora de la orilla
del mar; allí jugaba y otros niños
se burlaban de todos mis intentos.

Fueron reyes de palacios

altos, hermosos
que el agua no alcanzaba.
Eran hermosos.


Y no hubo nunca tregua

(salvo por la resaca)
y la arena escurriendo entre los dedos

me conmovía
y la arena escurriendo entre los dedos
no detenía a nadie,
no impresionaba a nadie.

Sólo arena escurriendo entre los dedos.

Hoy no soy distinto de los otros,
no soy mejor persona pero fui
un verano o quizá más de un verano

príncipe de la orilla.

Mi imperio era el fracaso
y mi reino no era mar ni era tierra.




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Back to Darío

De cuando en cuando vuelven los poemas. Regresan, no como hijos, sino como padres pródigos a reclamar todo el tiempo que transcurrió desde su última lectura. Leí este poema por primera vez en algún lugar de Girona que no podría -ni querría poder- marcar en un mapa. Yo tendría, quizá, trece o catorce años. Para mí, poetastro de rima consonante y facilón -soy mucho peor poeta ahora-, fue como un mazazo poético que desearía en vano para todas las lecturas del futuro. De cuando en cuando vuelven los poemas. Regresan cuando uno se desvió, cuando uno estaba a punto de perderse -incluso, si son generosos, cuando uno ya vagaba desorientado-. Y así ha sucedido con este Nocturno tan querido, poema que recité -con notables errores- junto al poeta y gran amigo Hernán Bravo Varela, en una cantina del D.F., donde celebramos la amarga verdad que esconden -y revelan- las palabras del nicaragüense.



NOCTURNO

A Mariano de Cavia

Los que auscultasteis el corazón de la noche,
los que por el insomnio tenaz habéis oído
el cerrar de una puerta, el resonar de un coche
lejano, un eco vago, un ligero rüido...

En los instantes del silencio misteriosos,
cuando surgen de su prisión los olvidados,
en la hora de los muertos, en la hora del reposo,
sabréis leer estos versos de amargor impregnados...

Como en un vaso vierto en ellos mis dolores
de lejanos recuerdos y desgracias funestas,
y las tristes nostalgias de mi alma, ebria de flores,
y el duelo de mi corazón, triste de fiestas.

Y el pesar de no ser lo que yo hubiera sido,
y la pérdida del reino que estaba para mí,
el pensar que un instante pude no haber nacido,
¡y el sueño que es mi vida desde que yo nací!

Todo esto viene en medio del silencio profundo
en que la noche envuelve la terrena ilusión,
y siento como un eco del corazón del mundo
que penetra y conmueve mi propio corazón



Rubén Darío






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Carta abierta para A.



On n'aime que ce qu'on ne possède pas tout entie

M.Proust

Renunció a conocerte y apuntó
que eso no era lo mismo que ignorarte.
Y habló de ti tres tardes, sin descanso,
y habló de ti en tabernas y pedía
una vez y otra vez ‘joven, regáleme,
por favor, unos pocos limoncitos’.
Renunció a conocerte, me contó.
‘Que no quiere decir que yo la ignore
pero entiéndeme amigo, yo no puedo
permitirme el saber’.

Estas cosas decía y luego hablaba
de ti, del timbre exacto de tu risa,
de tu acento en francés –casi invisible–,
de tu piel, de detalles que no creo
poderte repetir, aunque quisiera.
Había renunciado a conocerte.
Eso dijo. ‘Podré salvarme así’.
Y habló de ti tres tardes, sin descanso,
y habló de ti en tabernas y pedía
que yo asintiera siempre que él hablara.
'Podré salvarme así', dijo. 'Podré
salvarme así. Apenas la conozco'.









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D.F. # 7

Maricela Tlatelpa contó que una tarde llevó a tres muertos. Como clavitos, dijo. Yo yo no pude más que temblar y llevarles donde me dijeron, que era aquí, al Ángel, dijo. El Ángel brilla, dorado, y Maricela dice que donde mande. Aquí, digo. Y Maricela detiene el carro para contar que una vez, con motivo de un rectángulo, llevó también a Franz Beckenbauer. Y el señor fue simpático, dijo. Mucho más simpático que los muertos, dijo. Los muertos me pagaron cuatro pesos, no más. ¿Pero qué les podía decir yo? Eran como tres clavitos, tres clavitos helados, dijo, y hablaban de revoluciones pasadas y yo no pude más que temblar. ¿Y ya tiene novia acá? No, contesté, me vale madre tener novia ahora. Bueno, dijo Maricela, por lo menos los güeros gustan a las mujeres de aquí. Maricela, Náhuatl, llevó a Franz Beckenbauer en el mismo escarabajo dorado y granate que ahora desaparece entre los árboles y el tráfico de Reforma. Pobres muertos, dijo Maricela, ¿cómo podía yo cobrarles más de cuatro pesitos si, como dice José Alfredo Jiménez, nacemos llorando y morimos llorando? El día es claro y el banco HSBC refleja el Ángel en su fachada de vidrio impoluto, como uno de los fantasmas de Maricela. Y, dígame ¿es usted periodista, joven? Al otro lado de la ventanilla un hombre dispara pompas de jabón contra el escarabajo de Maricela que llevó a Franz Beckenbauer. ¡Cuatro pesos! ¡Sólo cuatro pesos! Cuatro pesos cuesta una pistolita de pompas de jabón. Cuatro pesos para dispararle a los muertos de Maricela, cuatro pesos, no más, ¿pero qué les podía decir yo?
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D.F. # 6 (Inbox)

Antes de partir te escribo. Qué hora es allí no lo sé porque no me he parado a pensar, pero creo que podría escribirte luego y seguiría siendo pronto, en cualquier caso. Estuve en El patio maravillas, una casa okupa cuya cadena del váter no funciona desde hace un año y acumula distintos olores putrefactos que la gente parece ignorar felizmente. Un drogado se acercó a mí y me dijo que tenía pelo en el pecho, pero que sin embargo nadie le aceptaba como Motero. Tengo pelo en el pecho, insistió, incluso me lo mostró no eróticamente, pero intentándolo. Luego comprendí que no quería ser motero, sino modelo, no pronunciaba bien; eso resume mi estancia en Madrid, un no oir bien casi nada de lo que me decían o de lo que yo mismo decía: es decir, no sabiendo qué decía si es que lo decía. Dormía en una cama con un colchón especial que se adaptaba al cuerpo. Daba miedo, no tanto como los mosquitos que han invadido mi habitación. Ayer tu llamada fue, en todo caso, de las más fúnebres que he escuchado en los últimos tiempos.
Está claro que la única mujer que vale la pena es la que no hemos encontrado, lo mismo sucede con las pizzas en este país: nadie sabe hacerlas, y sin embargo todo el mundo las hace, el problema está en la masa, inconsistente por lo general, y traidora. Pero la traición tiene una hermosura que conduce al canto, igual que el crimen, el asesinato. No conviene asesinar, sí está bien en cambio que nos traicionen todo el tiempo. Es un placer de esos parecidos a aquellos que prueban por primera vez el güisqui: vomitivo, pero en este caso perpetuamente vomitivo. La pena de la mentira es parecida a los diccionarios de latín, no contienen las palabras que buscas, de modo que la traducción se hace imposible; y aún así a nadie le importa lo que hizo César en Galia, el caso es que la conquistó. Un día supe, quizá el otro día porque lo dijo un amigo, que el secreto no está en la perfección, sino en el completo conocimiento de la imperfección. Por eso, creo, tropezar es algo tan sensual de ver a los ojos de los demás. También me gustaba a veces, cuando empezaba la universidad y pretendía cosas, que me ignoraran. En esa ignorancia estaba el misterio. En algún momento el misterio se desenvolvía y se hacía película, libro negro, irresistible; el paso de la ignorancia que nos profesan los demás hacia el misterio que podría profesarnos los demás, no lo sé, pero es posible que tenga que ver con el hecho de tropezar un día en el escenario y enrojecer levemente; sin dignidad hay transiciones hacia alguna parte. Con dignidad hay lagos, lo cual está muy bien, pero para qué, si son lagos congelados, paisajes largos de coníferas que ni siquiera el viento hace temblar. Adoro el temblor, por eso acuso a los que no han temblado de blasfemos. Todos estos pensamientos los he pensado ahora, tampoco los sigas con rectitud, allí hay muchos desiertos, mucha enormidad, cualquiera podría contradecirte, y otros contradecirle a ese, y así todo el tiempo. DF es contradicción. Madrid no tanto: pasé buenos días, tranquilos. Descubrí que el vicario de la Almudena es homosexual pederasta, así que si algún día comulgas allí cometeras doble pecado mortal, lo cual significa ausencia de pecado, digo yo (tal y como la lógica define a la doble negación de una cosa; y la matemática).
Debo decirte que los he visto juntos en Madrid. Sí, le he conocido. No me cayó mal. En calidad de amigo de ella no puedo tomar posturas definidas al respecto, sino preferir su alegría. Es un buen tipo, no puedo decirte más y no quiero que esto te lleve a un coma etílico en la peor cantina del D.F.
Para cambiar de tema te alegrará saber que he conocido a la chica con las mayores tetas del mundo, pero qué decir de eso, si no era bella. Pero estudiaba filosofía, sabía mucho de muchas cosas. Pero tú ya sabes a quién prefiero. Ahora ella lee a Miller y se hace la dura conmigo. Miller no es una buena influencia, pero hay que leerlo en algún momento para aprender a eyacular en el rostro de los demás sin que suponga mayor inconveniente. Que él muriera en medio de un orgasmo me hace pensar que siento envidia de no estar allí, en méxico, y pasar los días en cuernavaca con los volcanes al fondo. Pero quizá si estuviera allí perdería todo su significado mítico. No lo sé. Demasiadas cosas han perdido su significado mítico. Por eso prefiero lo que es viejo, porque lo viejo lo recupera, pero cuántos años tienen que pasar para que eso ocurra? Después de tres años de cercanía, sigo sin querer a mi ordenador, y menos en la dimensión legendaria que merecería. El misterio aún impregna el tratado de ética que preside nuestra mesa. Lo leeremos en algún momento? Ni ganas. Todo es una puñetera sordidez: voy a salir.
Yo amo, creo, pero hospitalariamente (de hospital). Ese es el sentido de enfermar, que te sustrae la vida entregándote a ella. En fin, no creas que es un correo moral. Solo exponía ideas que se me ocurrían viendo los objetos que hay en la mesa. No bebas mucho mezcal ni te mezcles con poetas dudosos, podrían empezar a citar a Alberti y matarte. Que mueras es lo menos que queremos, en eso estamos de acuerdo casi todos. Y querer que no se muera una persona para mí significa que la quiero en su presencia más inmaterial. El cuerpo, blasfemia de una noche. La mente, forro de libro barato. Pero su mezcla, ah, su mezcla, espiral polvo de instantes, la nada el amor el odio la nada la nada. Sé feliz en la desposesión y la posesión, que toda crueldad es siempre profundamente tierna. Un abrazo fuerte.

D.F. # 5 (Jack)

Todavía no sé que se llama Jack y todavía no he querido cruzarle la cara. Parece desorientado y lleva una camisa de manga corta color pistacho muy arrugada. Los dos primeros botones están sin abrochar. Llegamos a la recepción del hostel y preguntamos en un español adulterado por las once horas de vuelo por nuestras habitaciones. 'Oh great; more European trash!'. Aún no sé que se llama Jack pero sé que está borracho y sé que contribuiría positivamente a mi desentumecimiento partirle la cara al primer tipo de este continente que lo merezca un poco; y este, claro, resulta ser Jack, aunque yo todavía no sé que se llama así. De todos modos abandono pronto mi fantasía de gallo de corral en favor de un severo 'European, yes, but not quite trash, my friend. So you'd best watch your mouth'. Jack da un paso hacia atrás y por un momento creo que está a punto de echarse a llorar. Tras disculparse brevemente me habla de la destrucción, de lo poco que le importaría ser destruido (en este caso por mí). Me habla de una mujer cuyo nombre no entiendo y de las propiedades curativas del aire contaminado de México. En otra época lo hubiera adoptado como a un personaje lowriano, interrogándole sobre su desgracia e interesándome por cualquier moraleja que pudiera llegar a ofrecer. Pero la vida ya no es literatura y Jack, que ya me ha dicho su nombre, es sólo un pesado. Un pesado en el D.F., pero un pesado. Pero, con o sin literatura, Jack conversa con los jóvenes y exige, a su modo, que alguien le parta la cara allí, junto al zócalo del D.F. 'Perhaps it would be better that way', dice. 'Perhaps then I could get away from this fucking country, from this fucking shit hole. Perhaps then I would be dead and I could go home'.
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D.F. # 4

¿Pero de verdad cree usted en Nuestra Señora de Guadalupe, Reina de México y Emperatriz de América? Sí creo, señor. Y yo lo creo, ¿sabe por qué? Porque yo miro las manos de usted, las líneas de las manos de usted y yo sé que es usted una persona limpia. ¿Creen ustedes que yo les engañaría? ¿Creen ustedes que este señor, fiel devoto de Nuestra Señora de Guadalupe va a engañarles? ¿Creen ustedes que este señor es mi amigo, mi conocido? Y yo les digo no. No. Les digo atrás. Atrás y observen la obra de Nuestra Señora, la cura de todas nuestras esperanzas. El mercado de Sonora no es el lugar adecuado para olvidar. Y, sin embargo, nadie promete otra cosa. Tras la redención, tras la salvación y la cura, está el olvido. El olvido como arma única. Bendición esotérica en la que todos creen, pero que nadie espera.
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D.F. # 3 (Ménage à trois)

Mañana te vas a México, casi no me lo creo, me dice. Bueno, le digo. Él fuma en el salón y lee sin mucho interés el suplemento dominical de El País. Está muy lejos, me dice. Bueno, le digo. Él está desnudo pero desde donde estamos no se aprecia su desnudez. Tiene la espalda ancha y un tatuaje siniestro en el hombro derecho. No bebas agua del grifo, me dice. No pensaba, le digo. Ahora se pasea e inspecciona la estantería donde pusiste los cedés. Habrá mucho lío con el horario, le digo. Puedes escribir, dice ella. Bueno, le digo. Así, de perfil, se le ve un poco gordo. Ha elegido un disco que luego resultará ser Pearl, de Janis Joplin. Podía haber sido peor. ¿Y llegarás a viajar por el país? Me dice. No sé, digo. Él te agarra la cintura, es fuerte y te levanta sin demasiadas complicaciones. Te penetra inmediatamente, algo que odias y que noto que te complace. Te zarandea y murmura algo que parece una lengua eslava pero que resulta ser un castellano que yo ignoraba o que no había usado jamás contigo. Yo te miro y de vez en cuando tú me miras, como si aquello fuera suficiente. Como si aquello bastara. Ahora él se reclina desnudo en el sofá y enciende el segundo pitillo. Janis Joplin intenta, sin éxito, salvar el momento y sé que te corriste más de una vez aunque confesaste una sola. ¿Y pensarás en mí? Me dice. Bueno, le digo. ¿Cómo? Me dice. Claro, le digo. Fuma. Se ha empezado a masturbar.
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D.F. con # 2

Hay una voz que recorre las colonias y que anuncia entre distorsiones la venta de tamales guajaqueños. Todos los vendedores, sobre su triciclo, transportan la misma voz alimentada por baterías de coche. Baterías de carro. Nadie sabe quién grabó en su origen la voz. Pero todos tienen la misma. Recorren las calles ofreciendo tamales guajaqueños. Es la única voz unánime del D.F. Es más que probable que el dueño -el primer dueño- de la voz anónima esté ya muerto. Quizá no llegó a probar nunca los tamales o quizá no le gustaban los tamales. Pero sigue. Como las risas enlatadas grabadas en los años cincuenta, como la célebre bombilla de Livermore, California, como la esperanza de un día sin tedio. Hay una voz que recorre las colonias. Una voz que no reivindica nada. Y no es importante. Y no es indispensable. Pero no muere. Pero no caduca.




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D.F. # 1

Nosotros somos artesanos, me dijo. Nosotros somos artesanos y somos de la costa. Conoces la costa? No, le digo. Recién aterricé. Recién aterricé. Nunca hubiera dicho eso. Él tampoco hubiera dicho eso o, por lo menos, creo que no hubiera dicho eso. Pero me entendió igual y recién nos pusieron otra cerveza. Recién aterricé, le dije. No mames, me dijo. No mamo, le dije. Me miró raro. Pues pareces gringo hermano. Pues lo parezco, le dije. Te voy a poner sal a la cerveza mano. Y yo le dije que bueno. Nosotros somos artesanos y hablamos todos los idiomas. Yo vivo en Londres y en Londres me vienen los Mexicanos y me piden dos libras para volver a México. Me quieres tronar? Les digo. Me quieres tronar por qué no volviste ya? Y ellos no saben con quién están hablando mano. Te digo que me puse en un taxi aquí y me habló el pinche taxista en inglés. I spik what's up man, ey you wanna tell mi sumtin? Y se desconcierta. Se vuelve pequeño y le digo llévame a mi colonia le digo. Llévame a mi colonia que no sabes con quién estás hablando. La cerveza, efectivamente, está buena con sal. No mejor, pero buena. Y este es mi primo hermano. Sabes lo que dijo Enrique -creo que se llamaba Enrique- de Burgos cuando Americo volvió de ver el templo de Tenochtitlan? No. Dijo que se ahorcaba güey si aquello era como decía el Americo, porque el Americo era muy bueno describiendo. Un poeta. Like you man. Un poeta. Yo hablo todos los idiomas y este es mi primo hermano que somos artesanos. Pues se ahorcó. Nunca de lejos viste una ciudad tan bien hecha como la que yo estoy viendo ahora, le dijo Hernán Cortés, me dijo el tipo. Te das cuenta? Como la que yo estoy viendo ahora. Un poeta. Like you. Nos pusieron otra cerveza. Pero porque nos la deben, no mames. No mamo, le dije. Me miró raro. Pues si algún día un mexicano te enseña su colonia, si te la enseña de verdad, saca fotos porque no volverás a ver nada igual en tu vida. Y escribes poesía? A mi primo hermano le gusta mucho la poesía. Conoces la palabra antología? Todo México es eso, una antología. México es la gran antología y está cagado de poetas. Mi primo hermano estuvo en Barcelona. Conoces a Bofill? Un poeta. Se separó, mi primo hermano. Verdad que te separaste? Sí, dijo el primo hermano. Todas las catalanas son de flipar, como dirías en España. Que es inglés. Pero no es de España? Pinche primo, no te enteras de nada. Pues se ahorcó, el de Burgos, y España perdió un rey. Creo que era un rey. Pero bueno, un rey por un imperio. Y no fue malo. La conquista del conquistador no es conquista, dicen, me dijo. O por lo menos algo así. Entonces la catalana te dejó? No mames güey! No mamo, dije. Y me miraron raro.
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