Ángel: fieramente humano
Para poder leerte, Ángel González,
para poder sentir temblar mis manos,
mis dos manos asidas a este libro
tuyo, fue necesario un ancho espacio
y un largo tiempo:
Aprender las vocales en la escuela,
y, después, un constante recital
de aquejadas y grises consonantes,
hasta que alguien dijera ‘es suficiente’.
Conjugar los ovillos en la jaula
soñando con jugar entre los árboles.
Aprender con sintaxis a moverme
por las calles de textos inconexos.
Conocer el amor y después, claro,
perderlo por el roto de un bolsillo
una tarde de puro lunes.
.........................................Luego
romperle varios dedos a mi muerte
con un dulce apretón de manos, para
decir ‘perdone, vuelva usted mañana’.
Fue también necesario olvidar.
Olvidar las vocales, consonantes,
los verbos, el amor, también la muerte,
para poder leerte, Ángel González.
Para que me explicaras hoy de nuevo
lo que, equivocadamente, di
por aprendido.
para poder sentir temblar mis manos,
mis dos manos asidas a este libro
tuyo, fue necesario un ancho espacio
y un largo tiempo:
Aprender las vocales en la escuela,
y, después, un constante recital
de aquejadas y grises consonantes,
hasta que alguien dijera ‘es suficiente’.
Conjugar los ovillos en la jaula
soñando con jugar entre los árboles.
Aprender con sintaxis a moverme
por las calles de textos inconexos.
Conocer el amor y después, claro,
perderlo por el roto de un bolsillo
una tarde de puro lunes.
.........................................Luego
romperle varios dedos a mi muerte
con un dulce apretón de manos, para
decir ‘perdone, vuelva usted mañana’.
Fue también necesario olvidar.
Olvidar las vocales, consonantes,
los verbos, el amor, también la muerte,
para poder leerte, Ángel González.
Para que me explicaras hoy de nuevo
lo que, equivocadamente, di
por aprendido.
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