10.1.17

'La ventana' de Marià Villangómez (Traducción de Antonio Colinas)

Traducción de 'La finestra' de Marià Villangómez i Llobet (Ibiza, 1913 -2002)

Marià Villangómez poeta



LA VENTANA


El invierno es ahora la ventana, estos cristales
por los que resbala un ala pálida de la tarde que deriva,
el extremo de un ala pura sobre unos fríos cristales. 
Sensación de cima: no la tierra, hundida. 
El esqueleto de una copa en abandono,
desnudas ramas, huesos entumecidos
y una última limosna de sol agarrándose a la madera. 
Sabemos que el mundo gira, que se decanta hacia la sombra.
Sabemos que la tristeza ya es dueña en nuestro pecho.
Y las nubes van pasando, tiñéndose de frío rojizo,
mientras el cielo palidece
y más acá de los cristales, prisionera, una oscuridad
recuerda crepúsculos parecidos, de vigilada fiebre,
y soy como un pobre niño enfermo. 
Oh, aún no, no vengas, noche, muerte. Espera, espera.
Hay un oculto encanto que aún le busco al mundo.
Hace poco me parecía cercano, al alcance del deseo.
Creía que podría alcanzarlo,
este pájaro de plumas ignoradas, de canto desconocido,
pero sorprendido en un pensamiento. 
Espera. Si la busca es en vano
déjame al menos en mi camino,
ora atento, ora distraído,
pasando y mirando las cosas que pasan. 
Creo que, a veces, en el mundo encuentro el esfumado aspecto
que las cosas ofrecen para ser contempladas;
creo percibir un suspiro perdido o un juvenil aliento,
y yo mismo soy joven, a veces, con el mundo.
Y llega la sospecha de que un goce impreciso nos espera.
Y si no llegamos
porque está muy lejos, o ya ha pasado, o lo estamos atravesando sin verlo,
ya que está hecho de transparencias,
–oh ¿qué importa?, también muchas veces estamos tranquilos, casi serenos,
medio olvidados de aquel goce que la prisa no conmueve,
ufanos con los pequeños accidentes de la marcha,
felices con la exigua medida que adoptamos,
como si esto bastase para los momentos que se suceden
y hubiese tiempo sobrante para llegar a todo.
Sí, a veces, nos bastan estos tiernos presentes del camino.
Pero, otras veces, lo vemos todo tan triste,
con los ojos tan luminosos nos sentimos tan desiertos,
soñamos tan deseable la verdadera alegría,
que es un mar ingente el dolor en que estamos sumergidos,
la fría soledad que nos posee. 
Y, con todo, noche, muerte,
aún no. Espera.
Espera un poco más, siempre un poco más.
Queremos vivir aunque sólo sea con la esperanza,
sólo con la idea de un presentimiento,
sólo, desde en medio de esta soledad sin orillas,
con un poco de deseo.





Traducción de Antonio Colinas




27.3.16

Rostropovich (89 aniversario de su nacimiento)

Rostropovich





Tal día como hoy nacía
el gran violonchelista
 Mstislav Rostropovich (1927-2007).








23.2.16

Los últimos perros de Shackleton

Los últimos perros de Shackleton



Los últimos perros de Shackleton

 de Ben Clark. 


Ya disponible en Editorial Sloper




27.3.15

Corrigiendo a Schrödinger


Schrödinger Cat


Corrigiendo a Schrödinger


Lo único que digo es que la vida
puede más.
Que la vida es y que la muerte no;
que algo que araña, lucha y muerde siempre
tendrá más de un cincuenta.


Lucha muerde y araña siempre. Siempre. 



B. C.

17.3.15

Javier Lostalé comenta 'La Fiera'

                                        

Ben Clark
Ben Clark durante la entrega de los premios El Ojo Crítico de RNE

El poemario de Ben Clark  La Fiera (Editorial Sloper, 2014), galardonado con los premios  Ciutat de Palma Joan Alcover y  el premio El Ojo Crítico de RNE Poesía 2014, es un bisturí que abre en canal la naturaleza humana valiéndose de la fuerza primigenia y salvaje del reino animal para, con total plenitud y desnudez, mostrar las vísceras del comportamiento humano y ser termómetro de la temperatura de la soledad, del amor y de los actos más cotidianos, nunca inocentes,  sino llenos de movimientos interiores y de huellas. La Fiera es un símbolo que va más allá de la asociación subliminal de las palabras para ser una presencia encarnada, por eso creo que este poemario está cruzado por multitud de sombras que le prestan  una plasticidad más metafísica que sensorial. Se trata de una poesía con afán de totalidad, de modo que hasta en el más humilde objeto, como una pinza, late completa la existencia, incluida la muerte. Hay en ella también un combate silencioso y hondo entre lo efímero y lo permanente  y una añoranza  de la Naturaleza  como un estado primitivo, no hollado ni contaminado, de pureza y verdad. Muy importante es, igualmente,  lo invisible, lo no alumbrado, esas zonas de misterio presentes en cualquier vida. 
Lo cósmico y lo cotidiano, lo real y lo imaginario se funden asimismo  en este libro de Ben Clark, nutrido también por la filosofía y la ciencia. Libro inserto en el ámbito de la mejor poesía europea contemporánea y con un sustrato  clásico. El amor, como no puede ser menos si se toca fondo en la naturaleza humana, está muy presente. Amor como explosión, como escala hacia lo originario, como un constante renacer. El poema “Big Bang” es un buen ejemplo de lo que decimos. Y ya que he citado este poema, es imprescindible citar otro por la emoción profunda que nos produce,  pues es todo el ser, mente y corazón, el que alumbra la hija no nacida hasta  “dormirse en brazos del poeta  /agotada de no ser” (lo he parafraseado). “La hija que no ha nacido” es el título de un poema verdaderamente memorable, como hay otros muchos  en esta nueva obra de Ben Clark  capaz de transformarnos interiormente, cosa que  le sucede a la poesía con mayúscula.


                                                                              Javier Lostalé



La Fiera Ben Clark





19.1.15

Adaptación al miedo, de Víctor Peña Dacosta


Víctor Peña Dacosta


Acostumbrarse a las molestias diarias,
a que se mueran los abuelos.

Hacerse a la idea de que envejecen
los padres y maduran los amigos.

Andar un rato por las tardes.

Verse de pronto envuelto en un debate
sobre hasta cuándo es mejor dar el pecho.
Tener una teoría al respecto.

Apuntarse a cursos de idiomas
o al gimnasio y actualizar los blogs
al menos una vez a la semana.

Hacer la cama siempre al levantarse
y fregar antes de que se acumule:
hacerse fuerte en la rutina.

Ser un hombre a la hora de hacer colas:
no dejar que se cuelen las marujas
ni nos venza el desaliento.

Medir la vida en estados de Facebook
y la aceptación social en “me gustas”.

Abrir un plazo fijo a un interés
razonable y defender que conviene
una reforma fiscal moderada.

Seguir los partidos sin pegar voces.

Hacerse chequeos de vez en cuando,
que total no cuesta nada. Enterarse
de cuáles son los mejores productos
para mantener limpia la piscina.

Irse de vacaciones con los suegros,

Atender cuando oyes “señor”
por la calle. Aprender a hacerse el nudo
de la corbata y a arreglar los enchufes.

Entender por qué sube la hipoteca.

Asumir que es cada vez más difícil
cumplir el sueño de hacer un trío.

Gastar mucho menos dinero en libros,
reducir el tiempo de siesta.

Hablar en las reuniones de vecinos.

Aprovechar los descuentos del súper,
preferir los conciertos en teatros,
elegir cortinas de seda blancas
que combinen con la mesa camilla,
buscar porno duro gratis, cervezas
negras y ginebras de marca, vinos
con un ligero regusto a manzana
de nombre extranjero. Decir que es suave
pero con mucho cuerpo. Fijarse
en cómo va resbalando la lágrima.

Usar reloj.

Adaptarse, como todos, al miedo.
Amortiguarlo con pastillas.

Apagar el despertador antes de que suene.

Ponerse camisa para ir a trabajar.








7.9.14

Rolls Royce



Rolls Royce



Cuando cumplí los treinta me senté
a pensar en las cosas que quería.

Pensé en ti, en un futuro vago, en todo
lo que duerme detrás de la escritura.

Y después, es verdad, pensé en un Rolls
Royce Phantom, o en cualquier Rolls Royce (¿importa?)

y tuve la ilusión de tener uno
antes de morir.

Y con otra cerveza dije bueno,
con ir en uno

me doy por satisfecho. Me senté
y me propuse ir en un Rolls Royce

como objetivo único y legítimo.

Más tarde recordé su funeral.
El Rolls que nos llevó hasta el crematorio.

El perfecto silencio del motor;
cómo el coche aquel día no importaba. 


B.C.