24.10.06

ADios


Lloras sangre de Dios por una herida
BLAS DE OTERO

Yo sé que tú no existes
y te lo estoy diciendo. Te estoy siendo
sincero porque dices,
creo, que quien persigue
tu reino no entrará jamás mintiendo.

Por lo tanto te digo
que yo en ti no he creído desde siempre.
Jamás te hice cautivo
como aquellos dos místicos,
pero a veces te observo entre la gente.

Entiendo que te escondas
porque muchas personas todavía
buscan entre las sombras
de la iglesia tu gloria.
Probablemente yo me escondería.

¿Con qué criterio afirmo?
Me pongo en tu lugar con mis palabras;
algo que es inaudito;
porque soy, y yo afirmo
sin embargo que tú, Dios, no eres nada.

Pero insisto, te veo
y como sé que existo me pregunto
si entonces es que creo
o acaso el devaneo
de temerte me lleva hacia lo absurdo.

Te he mirado a los ojos;
no eras más que un bebé recién nacido.
Te vi entre los destrozos
de aquel gran terremoto,
y no eras tú la fuerza del seísmo.

Tú, Dios, eras un perro
salvándole la vida a muchos hombres
que no amaban los perros.
Decir que eras un perro
no es, luego, atentar contra tu nombre.

Te he visto en el asfalto,
desde donde ahora mismo te estoy viendo.
Estoy solo. ¡Tan falto
estoy de haberte amado!
Conduces la ambulancia y voy muriendo.

Pero no te lo digo
porque ambos sabemos que tú no existes,
que no te hice cautivo
como aquellos dos místicos.
¡Pero dime, mi Dios, si me quisiste!


de Cabotaje, Editorial Delirio, 2008

2 comments:

Nuria said...

Qué lejos me parece todo aquéllo... Tan lejos que ya no recuerdo qué sentí en el momento de saberlo. Sin embargo recuerdo claramente el día que intentaste a duras penas volver a correr... Hoy por hoy y debido a mis circunstancias comprendo mucho mejor lo que pudiste sentir en aquellos días y por eso te mando todo el ánimo y todos los besos que te pudieron faltar durante ese tiempo. Ben, me hubiera encantado rehabilitarte (aunque suene extrañamente pornográfico). Recuerdos catalanes.

Ben Clark said...

Todavía estás a tiempo de rehabilitarme, Mundo, pero puede que ya sea demasiado tarde, incluso para mí... Un beso salmantino. Gracias.