9.4.07

‘Hay que ser místico y puto, por ese orden’


Andrés Neuman,
entrevistado por Ben Clark

Andrés Neuman(http://www.andresneuman.com/) se encuentra todavía masticando el escalope que le sirvieron de segundo plato cuando observa, no sin cierto asombro, cómo irrumpe en aquella tranquila sala de un restaurante salmantino un joven despeinado, positivamente estresado que balbucea algo sobre esperar, que bueno, que termina tranquilo y yo no sé si quizá debería...
Andrés, sin duda apiadándose del joven que ahora parece estar sacando un ejército de bolígrafos y libretas de lo que podría ser una mochila mientras simultáneamente intenta encender una grabadora que no sabe usar, anuncia generosamente que ya ha terminado, invita al joven a sentarse y a respirar y empieza lo que podría ser, posiblemente, la entrevista más acelerada que haya sufrido nunca este escritor. Vaya por delante el agradecimiento del joven despeinado.

P. Según parece, la joven promesa Andrés Neuman ha cumplido este año los 30.
R. Sí, debo admitir que la veintena ha terminado y te confieso que me alegro. He vivido muy intensamente los ‘veinti’ y teniendo en cuenta que empecé a publicar y a trabajar con 20 años he vivido esa década enterita y ya me cansaba un poco el tema del veinteañerísmo. No por mi parte tanto sino por el modo en que te miran los demás. He disfrutado tanto de esta década que no me angustia nada haberla terminado, la celebro. No tengo ningún síndrome de Peter Pan al respecto. Sí, tengo treinta, ya no merezco el carné joven ni descuentos. Ahora viene la cruda realidad.
P. Sus distintos logros literarios, Premio Hiperión, Carvajal, finalista del Herralde, del Primavera... ¿Han sido objetivos que te has ido poniendo? ¿Suele fijar pequeñas metas?
R. Los objetivos me los planteo en términos de libros más que de publicaciones o de premios. Obviamente cuando termino ese libro intento que me dé una satisfacción editorial o un poco de dinero porque, claro, yo vivo de esto. Pero eso es cuando lo terminas. Eso sí, si no lo termino lo paso fatal. Hay gente que empieza un libro y no puede dejarlo aunque no le esté gustando, aunque lo tenga que sufrir lo cierra cuando lo ha terminado. A mí me pasa algo parecido. Aunque luego yo sepa que tengo que deshacerlo o tirarlo, es un asunto de orgullo entre el libro y yo. Mis objetivos tienen que ver con llegar al final, cuando el libro quiera.
P. ¿Y se ha quedado sin terminar alguno?
R. No. Lo que sí he hecho es, alguna vez, tirar un libro. Aunque haya publicado unos cuantos, te aseguro que he tirado alguno también. Más de un libro de poemas y una novela, que era muy mala.
P. Pero en el caso de un libro de poemas... ¿No le surge la tentación de rescatar algunos versos?
R. Sí. Por eso mismo lo tiro.
P. Entonces entiende un libro como conjunto.
R. Depende, la novela es, necesariamente, una estructura armónica, o una estructura armónicamente desarmónica. En el caso de un poemario creo que existen dos clases de libros de poemas: los libros unitarios, en los que hay un proyecto común que atraviesa todos los poemas y se puede decir que los poemas son piezas de un mosaico y otros libros que tienen una estructura tradicional –en el mejor sentido de la palabra tradicional–. Conozco las dos maneras de hacerlo o, mejor dicho, me han sucedido las dos, las teorías son siempre confirmaciones de los instintos.
P. ¿Cuándo se escriben los libros?
R. Creo que los libros casi siempre obedecen a un período o a un impulso, a una temperatura emocional y moral a partir de la cual uno empieza un libro. Hay que terminar de dibujar ese arco, sentir que has llegado al final de ese estado. Aunque intuyas que al final de ese estado no tendrás un buen libro, creo que es uno de los compromisos del escritor consigo mismo; llegar al final del camino que has empezado, porque al final de ese camino puede que no haya un libro pero haya un aprendizaje humano. Creo que esto es importante subrayarlo, yo cuando termino un libro, cuando estoy seguro de que está terminado, no me importa comportarme como un mercenario, intentar ganar dinero, no pasa nada. Todo profesional es un mercenario. Muy distinto es mientras estás haciendo el libro. Allí no eres un mercenario, allí eres una persona que está aprendiendo algo. Aunque al final de ese proceso no tengas un buen libro, es probable que si tienes la valentía y la insistencia de llegar hasta el final, en ese final puede haber algo de ti como persona, que haya mejorado y esa persona, más resistente, que ha llegado al final de algo donde sabía que iba a haber un fracaso, esa persona es más fuerte para escribir el siguiente libro mejor. Creo que los libros a veces se plantean desde un punto de vista excesivamente arquitectónico. Hay una especie de inmanencia, como si el libro fuese sólo un conjunto de textos, el libro también es un vehículo de maduración de la persona. Hay veces que un proceso de maduración da un buen libro, que es lo cojonudo, pero cuando no lo hay el autor tiene que tener la fe de que está creciendo por dentro. Sino este oficio sería una mierda. El proceso es tan importante como el fin. Me preguntabas si me proponía metas; las metas tienen que ver con terminar el libro. Y terminado el libro me proponía otras metas, mucho más prosaicas y no menos importantes, pero sí posteriores como ganar dinero o publicarlo en un buen sitio. Pero hay que tener mucho cuidado en no mezclar los tiempos, esto puede acabar con un escritor joven. Yo no soy nada purista ni nada moralista. Me parece muy bien que la gente quiera ganar premios. Me parece que los premios no son ni buenos ni malos, pero dan dinero y hasta donde no se demuestre lo contrario, los escritores pagamos las facturas, hacemos la compra y, a veces, hasta consumimos gasolina. Que el artista o el escritor necesite dinero es algo tan natural que debería estar más que aceptado, y si los premios son una manera, bien, adelante, pero lo que puede acabar con un escritor joven es que ese mundo de premios, estímulos públicos, etc. –que yo no rechazo y que no me parecen en sí perversos– se entrometa en el proceso de creación. Hay que ser un místico durante el proceso del libro y un puto después, por ese orden.
P: Habiendo tocado distintos géneros, distintos campos, ¿prefiere alguno en particular? ¿Sabe qué es lo que va a escribir antes de hacerlo?
R: No sé el caso de otros escritores, para mí los géneros son provincias vecinas y a mí me interesa estar siempre recorriendo la frontera. Tiendo a no entender un género sin el otro. Me interesa la poesía que se deja invadir por la narrativa, la narrativa que es poética, las novelas fragmentarias, me gustan los cuentos que tienen un toque novelístico, es decir, no creo en los género puros, o no me sirve pensarlos así. Yo concibo los géneros como los jerséis, que son ochenta lana, veinte poliéster... es una cuestión de combinación química. Por lo tanto no puedo elegir ningún género, ni puedo señalar ninguno como favorito.
P: Usted es licenciado en filología Hispánica, ¿Hace falta ser de letras para hacer letras?
R: No y la Historia de la Literatura lo demuestra hasta la saciedad; Lorca estudió derecho y a disgusto, Alberti no estudió nada, Borges era un autodidacta que es lo que creo que debe ser una persona...Autodidacta. De hecho creo que no obtuvo nunca ningún título, y creo que ese es el problema hoy en día, todo está muy institucionalizado.
P: ¿La titulitis?
R: Y no sólo eso, sino que la literatura está institucionalizada; hay una identidad pública entre instituciones académicas, medios literarios y escritores un poco preocupante. Temo que vaya a estar todo inventariado, homologado, estandarizado. Si todos los escritores estudian la misma carrera habrá unos índices de estandarización que nos volverá más previsibles, más uniformes. Por eso cuando sé que un escritor ha estudiado matemáticas o física, me interesa mucho. Ahora bien, estudiar filología te da, no como escritor, sino como lector, unos estilos, una dirección. Yo aprendí estudiando filología y no me arrepiento de haberlo hecho. Pero creo que forma más al lector o al crítico que al escritor. Creo que el escritor, sin caer en ningún malditismo adolescente pasado de moda, algo de rebeldía, de incomodidad y extranjería debe mantener. Tiene que haber una especie de desfase entre el código como te lo presentan y el código como quieres escribirlo. Tiene que haber una fisura. En la medida que pase todo –tus lecturas, tus influencias culturales– por los mismos canales serás un creador demasiado normalizado, demasiado perfecto. Yo creo que la imperfección, la crisis y la grieta son profundamente fértiles. El conflicto es creativo. Si alguien quiere ser un crítico, un estudioso de la literatura puede y debe estudiar filología, es la mejor puerta para acceder a ese conocimiento. Si quieres ser escritor no te va a perjudicar, pero no creo que sea necesariamente beneficioso estudiar literatura, porque, además, es más fácil caer en el manierismo. Sobre todo durante la época de estudio. Yo he visto a muchos poetas jóvenes –y a mí mismo puede haberme pasado– que mientras iban descubriendo las épocas, los etilos, las tradiciones tenían la tentación de dar cuenta de ellas. Como si un escritor en lugar de ser alguien que busca un estilo propio fuera alguien que levanta acta de la Historia de la Literatura. Y eso, aparte de poco atractivo, es tremendamente pedante. Apenas podemos dar cuenta de nuestra propia vida, apenas la entendemos... somos mucho más pequeños que todo eso. Hay que tener la valentía de ser más ignorante.
P: ¿Cómo ve el joven panorama literario actual?
R: Yo sé que lo que da prestigio es decir que uno no lee a sus contemporáneos y que, además, son malísimos. Yo debería decir que leo a Homero y Rilke, que es una forma de decir que después de ellos estoy yo. Esto lo suelen hacer muchos. Pero yo debo confesar que me parece que la gente está haciendo cosas buenísimas. Yo creo que nuestra generación es una generación de escritores muy buenos. Además, detesto el paternalismo ese que dice ‘publicáis demasiado pronto’ mira; nuestra generación se va tarde de casa, no consigue trabajo, se hipoteca a los 30 para los 70 y nos criticáis por eso, una cosa que hacemos precozmente y también nos criticáis ¿entonces qué quieren que hagamos? Yo cuando leo a un poeta de 20 años no le pido el libro que escribirá a los 40 ni falta que hace. ¿Por qué hay que estar con el cinturón de castidad diciéndole a la gente ‘no ha llegado tu momento’? Pues cuando llegue publicará otro. Si tú eres un pope que tiene 50 años y te inquieta que empiece la competencia pronto pues te jodes y compites. A mí parece bien que la gente empiece pronto y que se realice pronto y que cumpla con su vocación, siempre con la conciencia de que si tú publicas un libro con 20 años tienes mucho que aprender, lo que no puedes hacer es caer en la tontería de pensar que con 20 años has hecho algo en la literatura, evidentemente no has hecho nada (salvo que seas Pere Gimferrer y hayas publicado Arde el mar). Como eso pasa una vez cada 10.000 libros lo más probable es que no seas Gimferrer ni hayas escrito Arde el mar, sino que seas un principiante que está aprendiendo. Mientras tengas, no voy a decir humildad porque la humildad no existe, esa lucidez, esa sinceridad... el tiempo irá haciendo su antología, el tiempo es una antología. Lo que no entiendo es aquello de ‘es que son muy malos’, bueno si somos tan malos entonces ¿de qué te preocupas? No os vamos a molestar. Y si somos buenos, pues hacemos bien en publicar.
P: Parece que está de moda pregonar que la cultura se acaba, que todo se pervierte, que se publica demasiado.
R: Por un lado desde el establishment, entendiendo por ello a la gente que tiene el poder en los medios culturales, mediáticos, etc, se anuncia insistentemente el fin de la cultura, la decadencia de occidente, la perversión de la exquisitez... pero la ebullición literaria en las jóvenes generaciones son la prueba definitiva de que esto no es así. Debería ser esperanzador que tanta gente esté publicando, incluyendo a los que sean malos –alguien que se moleste en pasar dos años de su vida escribiendo un libro de poemas y luego publicándolo es síntoma de que hay interés por literatura, y eso no puede ser malo– así que es incompatible la idea de que la cultura ya no es lo que era con esta euforia de publicaciones. Yo me siento contento de pertenecer a una generación tan activa y que esté haciendo tantas cosas. Nosotros alimentamos el presente, y eso, creo, ya es bastante.
P: ¿Y qué tiene entre manos ahora mismo?
R: Una taza de café. Y en mi ordenador tengo una novela, en la que estoy trabajando desde hace cuatro años, una novela larga que está acabando con mis nervios y a finales de año saldrá un libro de poemas que escribí cuando terminé El tobogán, en el 2000. Ha pasado bastante tiempo... El poemario sí que está terminado, la novela no. Se llama Mística abajo y saldrá en ‘Acantilado’.
P: ¿Es entonces la paciencia la mejor amiga del escritor?
R: Quedaría bien diciéndote que sí, pero los escritores –todos los creadores– son impacientes. Entonces, creo que hay que matizar la respuesta... No es una pregunta que se pueda contestar sí o no, lo políticamente correcto es decir que sí pero voy a intentar decirte algo que sea más cierto. Creo que hay que ser paciente en el momento oportuno, nadie puede sostener la paciencia durante todo el tiempo, entre otras cosas porque desgraciadamente tenemos la costumbre de morirnos, que es un hábito de bastante mal gusto que parecemos dispuestos a perpetuar, entonces, siendo esto así, tener una paciencia absoluta sin un contexto es utópico. Creo más bien que un escritor tiene que desarrollar la intuición de cuándo tiene que esperar y cuando no. Creo que más bien es una combinación de ansiedad y de paciencia, la ansiedad en el momento en que estés en vena para exprimir el máximo de tus posibilidades y saber esperar cuando te estás bloqueando o cuando sientas que el libro está mutando. Cuando el libro está pidiendo ese último hervor para definirse, para adquirir su identidad... La impaciencia en ese momento sí que puede ser contraproducente.
P: Bien, si pudiera comentar cualquier cosa, ¿qué le gustaría decir?
R: Que el café se me ha quedado frío.

8 comments:

maia said...

estuviste la conferencia que io en l"los martes literios"? fue una pasada..

Esther said...

Me encanta Andrés Newman. Le conocí a través de su libro de relatos Alumbramiento. Y encima, guapo.

Alnitak said...

Pues tengo que reconocer que no le conocía. Pero te agradezco que hayas publicado aquí la entrevista, escuchar a escritores siempre me anima a seguir escribiendo.

Y la verdad, lo reconozco yo soy muy muy impaciente... :-&

sisifo k. said...

mayoritariamente inteligentes los comentarios del señor Neuman.
No todos, claro.

Álex Chico said...

Hay poeta y hay novelista. Bariloche continúa.

Cloe said...

nada que perder

libertad said...

Inteligente. Curiosa. Interesante. Honesta. Me ha encantado la entrevista. Ahora voy a empezar a leer a Andrés Neuman, claro está.
Gracias

Anonymous said...

Vuelve!!!!!!! :(:(:(:(