14.4.08

Caminando para encontrarnos

Un año más esta casa –mi casa– cuenta conmigo para que escriba alguna cosa medianamente coherente sobre el día del libro, sobre los libros, sobre la lectura, la escritura o el arte del origami. He enumerado estos posibles temas en un orden que, sin saberlo a ciencia cierta, juzgo podría representar la escala de preferencias que el encargado de este suplemento especial tiene en mente, mientras cruza los dedos y espera que lleguen los artículos de los últimos de Filipinas y, en especial, del ultimísimo de Salamanca. Y es que, salvando el abismo que se abrió entre escritura y origami, el resto respondería, ciertamente, a una secuencia lógica. Sin embargo, y sin que el torturado periodista recopilador de artículos tenga la culpa, el orden está rotundamente mal.
Por lo menos lo está para mí. Ya lo dijo aquel: si fuera objeto sería objetivo, pero me hicieron sujeto luego soy subjetivo. No puedo hablar del día del libro sin hablar antes del día, sin fecha, sin fiesta, sin rosas y sin prensa, de la escritura del libro. El día más importante de todos. El día que no es un día y que, desde luego, no es todos los días. -¿Y éste? – Dirán –¿Tanta verborrea para decir que quiere hablar de escritura en vez del día del libro? –Pues sí; porque al final todo se trata de eso, de escribir. El tiempo que usted, amigo lector se tome en la lectura de este texto no tiene nada que ver con el tiempo que yo estoy dedicando ahora mismo a escribirlo. Pero eso es buscar distancias, diferencias y en estos tiempos que corren lo principal, en cualquier caso, es encontrar el punto de encuentro, la unión entre usted, que lee estas palabras bajo el amable sol de Ibiza o Formentera –puede que reprochándome con algo de razón que escogiera el castellano en esta ocasión – y yo, que me encuentro en otra ciudad y, para colmo, en el pasado. Y nuestro nexo es que ninguno de los dos, ni usted ni yo, sabemos cómo va a terminar esta columna. Nos une la incertidumbre del texto. Sabemos que nos lleva, que ha fluctuado bastante anárquicamente entre un tema y otro, sabemos que esto es extraño, que estamos conversando sin hacerlo y de pronto sabemos que sabemos bastantes cosas; que no sabemos dónde va, pero ahora sabemos que eso ya no nos importa, que estamos experimentando este proceso comunicativo de primera mano y que el autor, que podría tener más recursos, nos está intentando decir algo, que sabemos lo que nos quiere transmitir aunque no lo esté haciendo. Aunque en apariencia no nos esté hablando de nada, nos está preguntando si la literatura realmente es algo. Y ya ven que sí, que estamos unidos, hoy, para celebrar que existan estos objetos, los libros y, sobre todo, para celebrar que seguimos comunicándonos, sabiendo que caminábamos para encontrarnos, como dijo el maestro.
Publicado en el Diario de Ibiza, Día del Libro 2007

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