14.4.08

Una historia (acabaré)

Meine Damen und Herren, Madames et Messieurs, Ladies and Gentlemen, os podría contar la historia de los dos basureros, uno más feo que el otro, que trabajaron juntos doce años sin hablarse. También está el cuento del niño sordo que podía saber la hora a cualquier hora, sin que lo primero tuviera nada que ver con lo segundo. Quizá los caballeros prefieran la macabra narración del granjero que cayó en un pozo, en un pozo sí, donde descubrió a su padre, habitante del limbo, y una para las señoras of course, qué me dicen, tengo una que no es mía pero vale igual para la ocasión, es la historia de un hombre que se enamora, ya, sé lo que están pensando, pero el caso es que se enamora de una japonesa –ah señor, veo que he captado su interés, bienvenido – y cuando viaja a Japón, porque viaja a Japón, para encontrarse con ella… ¿Qué ocurre señor? ¡Ah! ¿Acaso no es previsible? Por supuesto que no, porque entonces no tendría sentido pero no, olvidemos a la japonesa, a nuestro enamoradizo y desviemos la mirada hacia el ser humano que tenemos al lado. Sí… mmmm parece bastante normal, una persona de lo más corriente. ¿Pero podemos estar seguros? ¿Y si les contara la historia de un grupo de personas que escuchan una historia y…? Se ríen, claro, se ríen porque sienten, en el fondo, algo de vergüenza sí… Pero ahora estoy hablando de miedo. Del miedo que provoca dejar de escuchar y empezar a ver, a oler, a tocar y a ser tocado… ¡Ah! Veo que la señora ya no sonríe, veo que el caballero está atento por si digo algún improperio, algún anacoluto… se quedó pensando qué es un anacoluto ¿verdad? ¡Pues claro que sí! ¿Por qué sino? ¡Pensar! Recordar el temor infundado, la mentira piadosa que aceptamos, que exigimos, la caridad del que narra, la carencia del que escucha, el hambre de ambos, los deseos… Sí señor, estoy hablando de eso, de los deseos. Porque esa persona que hay enfrente de ustedes podría ser el amor de su vida, también, ¿un asesino he dicho antes señora? ¡Pero qué horror! ¡No! El amor de su vida digo ahora, ¿y luego? ¿Quién sabe? ¡Luego dice el caballero! ¡Luego! Una palabra querido y amable público de hoy, de ahora, que nunca existió en ninguna historia es más; incompatible con cualquier forma de literatura.

1 comment:

carmen said...

welcome back