18.6.08

Árboles (un cuento)

Cuando a mí me explicaron la semántica
el viejo profesor nos dijo a todos:
‘quiero que se imaginen un gran árbol’.
Y nosotros, que aún no conocíamos
el amor ni la pérdida, pudimos.

Y yo imaginé un pino sin saber
si aquello estaba bien, si no sería
mejor haber pensado en otra cosa;
un álamo o quizás un alcornoque.

‘¿Y usted en qué ha pensado!?’ Me tronaron.

En un pino señor. Dije afligido.
¡Ah! Dijo el profesor, meditabundo.

Y entonces escalé para escapar
del profesor, del aula y de los ojos
huecos de la semántica. Subí
hasta sentir las ramas doblegarse,
hasta sentir que el pino me advertía:

‘No subas más, mejor hubieras hecho
imaginando un roble, vuelve, ¡vuelve!’
Pero yo no sabía de semántica
y ascendí hasta quedar en equilibrio,
a merced de cualquier idea o viento.

Y desde allí, por fin, los pude ver:
sonreían con miedo entre las copas;
sobre abedules, plátanos, sabinas,
magnolias, eucaliptos y secuoyas.
Y un errático punto allá en el suelo
hablaba de los árboles, del árbol,
de la significancia y de otras cosas.

Pero nadie escuchaba sus palabras.

4 comments:

Pablo Sánchez Herrero said...

El show + go on, pese a las caídas, ¿no?

Bonita definición del imperio íntimo.

Gracias por la creación de la banda. Podeis llegar a matar de risa, malditos.

Anonymous said...

Yo una vez te comparé con un árbol

Mz said...

ay
me he quedado atrapada mirando la luz tintineando entre las hojas...

Mz said...

ay
me he quedado atrapada mirando la luz tintineando entre las hojas...