22.5.09

Takk (for J.R.C.)

¿Pero qué significaba el fracaso? Avanzó hacia la puerta, el pasillo estaba oscuro y a duras penas se distinguía la silueta marfil del teléfono. Tras abrir la puerta tuvo la certeza de que no estaba forzando unos goznes pensionistas. Todas las posibilidades del mundo esperaban pacientemente tras esa puerta.
No se acordaba del día en que empezó a beber, tampoco recordaba del año y, de haberse acordado, tampoco hubiera sido un factor importante. Llevar tres años borracho se dice pronto. Pero hay que vivirlo, beberlo, hay que estar ahí cuando la mano se vuelve larga y la noche se funde con un día inhóspito y los deseos interminables de que todo llegue a un fin, sea como sea, implique lo que implique.
Llevaba tres semanas en la casa y desde hacia tres días no probaba bocado. De vez en cuando fantaseaba con la escena que inevitablemente encontraría algún vecino; pensaba en su cuerpo maltratado tendido sobre el sofá, en alguna mancha seca de vómito, en unas revistas dispersas de forma casual, casi estética. Llegó un punto en que la muerte le parecía una opción tan atractiva que no veía ninguna ventaja respecto a la anécdota de continuar vivo. Llevaba cinco años sin cambiar de trabajo, sin novia, sin la más mínima sorpresa y sin decidirse por volver a tocar el bajo. Cinco años como cinco minutos. Cinco años sin amar.
Un buen día decidió cambiar. No necesariamente a mejor –lo cual era, en cualquier caso, un juicio de valor – sino cambiar, de la forma que fuera y como fuera.
Miró hacia atrás y se encontró una masa difusa. No quería estudiar, no quería trabajar, no quería volver a ser un vagabundo de tetra brick. Se preguntó qué posibilidades reales tenía de encajar en una sociedad a la que despreciaba. Avanzó por el pasillo y abrió la puerta. Afuera la mañana resplandecía y le recordaba a un poema de Whitman. Lo cual era fascinante porque no había leído nunca a Whitman. ‘¿Y qué?’ Se preguntó. ‘Qué demonios; de todas formas nada de esto tiene demasiado sentido. Nada puede ser justificado totalmente’. Y al abrir la puerta se vio deslumbrado por un segundo. Un segundo predecible, amable, sin fin.

1 comment:

Sara said...

Desde luego la canción es perfecta para ese momento deslumbrante.
¿Es premeditado?
Inquietante final, Ben...