30.6.09

El Maestro amonesta al poeta a principios de 2006

Bencito de mi corazón, recibo tus noticias por terceros, te dedico a Axl Rose cantando rapsodias profanas en el homenaje a tu máximo ídolo, recordarás la celebridad de dicha intervención, nadie lo quería, maldito homófobo que escribió una canción contra negros y maricones, y el lider del grupo más grande del mundo se planta en Wembley y les canta a todos los que empezaron silbando, la versión más hermosa que hayan oído jamas, final, APLAUSOS, LLANTOS. Te quiero, te llamo, te guío y me entero por terceros que estás al borde de uno de los dos grandes de españa, noticia grandiosa además de divertidísima si ganaras por la reacción de ciertos personajes más bien competitivos que abundan en tu mundillo, te busco y me encuentro en internet acompañado de una sola palabra, O zipi, o zape, Nada, este clark siempre tan oportuno para el desastre, para la frase desafortunada o el salto al vacío disfrazado de Freddie Mercury.
Javier Siedlecki
Qué ingratitud, qué falta de respeto, qué tristeza. De modo que ese fue mi legado para ben, ahijado bastardo, galés insolente, condenado traidor;
y no Padre, Maestro mágico que ahora dedica a otra gente, nada de guíaespiritual, corrector una y otra vez de sus poemas, actividad del todo agotadora aunque gratificante muchas veces, ni dirigidor de lecturas que no son las que ahora cita cuando es famoso, ni revelador de artes poéticas, y tampoco iniciador en sus tan admirados simbolistas, en la actitud poética, en convertirlo en voyant, como quería Rimbaud. Y por terceros arrojas versiones del amor imprudente, de las coincidencias astronómicas que eluden el escarpismo, y haces caso omiso, y no esperarás, supongo, engañarme a mí, nadie olvidará jamás los techos de cierto mirador en donde escuchaste quizá por primera vez la palabra Verlaine, nadie olvidará que hemos hablado del amor, de la vida y de la muerte, que son al fin los únicos temas que existen, nadie podrá olvidar jamás que una vez Aleixandre vibró en mi voz y no sé si lloraste, poeta, dile al mundo lo que quieras, lo que te haga aún más grande, avergüenzate con ellos si quieres, o elude moralinas por donde mejor te venga.
Pero a mí que he sido tu maestro -efímero, pero ¿qué no lo es en este grano de arroz integral que llamamos universo?- a mí no me engañas, puedes injuriar, puedes mirar hacia donde quieras y erigir magias y maestros a tu nuevo alrededor, ahijado, morbo o curiosidad, aventurero; yo, como todos los maestros, ni pregunto ni juzgo, pero, como cualquier maestro, no admito trucos. Matar al padre, lo llamó Freud con sus imágenes terribles, con su literatura en la que algunos holgazanes quisieron ver la vida. Matar al padre en la pubertad, lo habrás hecho en su hora con Gerry, y lo harás en todas las pubertades, literarias o no, así que mátame, olvida mis palabras, no mires más que hacia adelante y vénceme si te hace falta, como el discípulo de Rocky en Rocky V, donde nunca ninguno
de todos ustedes, intelectuales y pederastas, verán poesía ninguna y acaso mi único discípulo, en quien puse mi fuerza cuando yo mismo agonizaba, como Rocky perdido y decadente, viejo y vencido hizo con su chico, quizá mi único discípulo haya estado a punto de ver justo antes de abandonarme, de castigarme con el silencio, pero ve, olvídame y vénceme, yo no busco la gloria, ni el reconocimiento de rebote ni aun la gratitud:
me basta con que avances y comprendas, con que crezcas sin más prejuicios, sin menos permeabilidad, que la que puede tener cualquier gardenia en primavera. Así es que sigue, envíale mails y mensajes y perdones y llamados a cualquier torerito pamplonés que nunca haya entendido tus versos, sé confidente de veteranos novelistas que no han vislumbrado (tendrás la prueba) la belleza insuperable de nuestra madre, cántales loas, cuéntales tus secretos, diles cuánto los quieres, yo mientras tanto estaré aquí, luchando con lo que fueron mis versos, y viendo tus peleas Pay Per View, orgulloso, feliz de verte noquear en el décimo round, con el brazo arriba, esperando oír tu voz sobre tres campanadas que le agradecen todo, su carrera, su presente y su pasado a su nuevo manager, el que lo vio ya hecho y prometió dinero y éxito y mujeres y coches rojos, mientras mi mujer cansada ya de mí, llorando por lo que pude ser, me pregunta qué me pasa, qué me pasa que me emociono o me entristezco y te odia por no nombrarme y darme todo con una palabra, y yo que no puedo con mi estrella todavía te defiendo Ben, porque no, estará nervioso, ellos hicieron mucho, y ella qué te pasa, mientras tu voz dice gracias a Don King y le dedica sus trofeos, y yo me quedo con la única verdad, que ya pasó, y recuerdo aquel hacha compañera,y pienso enlos más altos campanarios, para un salto mortal serenamente, y mi mujer qué te pasa y te insulta, y yo no vuelvas a hablar mal de él y ella por qué lloras, por qué, por qué.



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