4.9.09

El Presidente FeliZ




En olvido de Ted Kennedy,
que financió a los asesinos de la I.R.A
y dejó a su amada morir en el agua


Mírame en mi columna es imposible
negar que sobre todo fui feliz
y supe de los libros invisibles
y no fui más feliz pero lo fui.

Muy rico en monedas indivisibles
decidí perder nada y lo perdí
todo lo cual supuse comprensible
habiéndome permitido un desliz.

Pero ahora te celebro vida oscura
con reflejos de sal y cornalina
y me beso agriamente porque es tarde

y si hay algo en la vida que no dura
es la felicidad del que domina
la ciudad desde esta altura cobarde.



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1 comment:

rhinslumber said...

Si Victor te viera, te diría que la felicidad en verdad no pasa, cuando nos detenemos frente a un Banco Santander a mirar sus colas o al conversar pausadamente sobre los patos del parque de la Alamedilla. Todo eso queda atrás ahora, pasa. La piedra rosada es por desgracia nuestro único destino. Buen soneto.