2.2.10

Volviendo de la compra


El balcón del despacho da al jardín.

Sucede, en ocasiones, que te asomas
mientras vuelvo del árbol –que aquí, sabes,
es un supermercado- y me pregunto
de dónde habrás huido, cómo puede
ser que al final estés aquí, a mi lado,
o mejor dicho allí, sobre el balcón
controlando mi avance lento, dócil.

No lo puedo explicar porque es mentira.
Pero puedo escribirlo y releer
una vez y otra vez los ocho versos
de la primera estrofa del poema:
y tú me podrás ver, desde lo alto,
Avanzando palabra por palabra,
cada paso más corto,
cada vez más despacio,
dócil, como caído de un árbol.



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2 comments:

Borja said...

Siempre dócil, pero afilado.

Chity Taboada said...

Esta vez me gusta. Y me alegro de que me guste.