El Embajador


Verás, éramos pocos en el pueblo

y la isla muy pequeña,
casi nadie
se imaginaba un mundo ilimitado.

Verás, quiero decir que fuimos pocos,
pero sabían todos que con uno
sería suficiente.

Y estoy aquí. Estoy sentado aquí.
A tu lado.

Y cargo con el peso de los míos,
llevo al hombro –y contento– su esperanza.

Verás, éramos pocos y el mar ancho;
la tierra escasa y tantos los incrédulos,
los que no lo intentaron, los que solo
pudieron conocerte entre susurros,
rumores, sueños vagos y leyendas.

Verás, se sospechaba que existías,
y ahora, yo no sé cómo, te encontramos.







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