28.7.10

Ángel: fieramente humano


Para poder leerte, Ángel González,
para poder sentir temblar mis manos,
mis dos manos asidas a este libro
tuyo, fue necesario un ancho espacio
y un largo tiempo:

Aprender las vocales en la escuela,
y, después, un constante recital
de aquejadas y grises consonantes,
hasta que alguien dijera ‘es suficiente’.

Conjugar los ovillos en la jaula
soñando con jugar entre los árboles.
Aprender con sintaxis a moverme
por las calles de textos inconexos.

Conocer el amor y después, claro,
perderlo por el roto de un bolsillo
una tarde de puro lunes.
.........................................Luego
romperle varios dedos a mi muerte
con un dulce apretón de manos, para
decir ‘perdone, vuelva usted mañana’.

Fue también necesario olvidar.

Olvidar las vocales, consonantes,
los verbos, el amor, también la muerte,
para poder leerte, Ángel González.
Para que me explicaras hoy de nuevo
lo que, equivocadamente, di
por aprendido.





De Cabotaje, Editorial Delirio 2008.

Poema de Á. González al que hace referencia:




4 comments:

Jorge Ampuero said...
This comment has been removed by the author.
Jorge Ampuero said...

Exquisita radiografía de la poética personal.

:)

maria said...

Bon poema.

Caín said...

"No he aprendido a sufrir, toda severidad es inhumana"
Juan Carlos Mestre

Luz de un quinquet
9 pintas, 29 latidos, Gillespie,
madrugada, ganas de hablar.
La generación del 77 íbamos a cambiar el mundo en el fututo
pero los electrodomésticos siguen funcionando en el 2007,
como siempre…
Me pregunto:
Por qué un intermitente puede llevarme a la lágrima, de vasta emoción, por qué siento que me responde, cuando se ilumina su automática luz naranja, y que no estoy solo, que somos dos, objetos comunicándose, que la máquina pretende mi atención, sabiendo antes de que se ilumine sin embargo apenas un segundo antes que así será…
No lo entiendo:
Por qué ladra el borracho a los coches que pasan a su lado.
Es de noche.
Hace frío.
Mientras, la gente ahí afuera insiste, empujando sus pesadas rocas, hacia la pirámide.
En las paredes de mi casa se pudre la luz de ayer por la mañana.
Y yo sigo de pie junto a la ventana, sin tomar ninguna decisión.
Podría quedarme a vivir dentro de esta canción.
A night in Tunisia.
Pienso que:
La oportunidad debe ir acompañada de destreza…
Todos los muebles de casa me observan con rostro de preocupación.
No quiero pensar,
para no atraer su atención, con el ruido de mi cabeza.
Un automóvil ha atropellado al borracho, se apagó el ruido y la furia.
Está muerto, pero no siento lástima.
Tampoco sé qué significa eso realmente, si es salvaje, inhumano o inmoral,
pero es cierto.
Y mientras, la gente ahí afuera no deja de insistir, empujando sus rocas.
Me pregunto:
Debe haber algún motivo por el que todo haya adquirido esta forma,
esta forma de costumbre, en que amanece como una herida sin importancia.
Ya no recuerdo qué clase de paciencia me trajo a este lugar...