23.10.10

'La Habitación y el Mundo' de Stephen Dunn




LA HABITACIÓN Y EL MUNDO



En la habitación cabía uno solo
o puede que dos si los dos se habían
descubierto hace poco y eran uno.
Más allá de la habitación, el mundo,
que tenía una llave para la habitación.
Y porque conocía un poco al mundo
sabía que era inútil cambiar la cerradura.
Sabía bien que el mundo podría entrar allí
cuando quisiera, pero por ahora
se contentaba el mundo con causar sus desastres
en lugares lejanos que la tele grababa.
Y siempre se acordaba de la historia del hombre
que colgaba de un risco, de las flores silvestres
que crecían allí, y de su aspecto hermoso.
El mismo sentimiento le causaba su silla
y la geometría de las perchas en el armario
y la cama que se ajustaba como una camiseta interior.
El mundo, en ocasiones, respiraba hondamente
más allá de la puerta porque era un mundo obsceno
y no podía evitarlo. Fue esto
lo que la llevo a amarlo con el tiempo,
su presión, su tristeza esencial.
Se descubrió a sí misma una mañana abriéndole
la puerta, permitiendo así lo inevitable.
El mundo entró y llenó la habitación.
Pareciera que todo le era muy familiar.





Stephen Dunn (Nueva York, 1939)
del libro Not Dancing (1984).
Título original: The Room and the World
Traducción de Ben Clark






THE ROOM AND THE WORLD



The room was room enough for one
or maybe two if the two had just
discovered each other and were one.
Outside of the room was the world
which had a key to the room, and knowing
a little about the world he knew
how pointless it was to change the lock.
He knew the world could enter the room
anytime it wanted, but for the present
the world was content to do its damage
elsewhere, which the television recorded.
Always, he kept in his mind the story of a man
hanging from a cliff, how the wildflowers
growing there looked lovelier than ever.
That was how he felt about his one chair
and the geometry of the hangers in his closet
and the bed that fit him like a body shirt.
Sometimes the world would breathe heavily
outside the door because it was obscene
and could not help itself. It was this
that led him eventually to love the world
for its pressure and essential sadness.
One day he just found himself opening
the door, allowing the inevitable.
The world came in and filled the room.
It seemed so familiar with everything.


Stephen Dunn
Not Dancing (1984)







1 comment:

J. G. said...

siempre digo que en la habitación el número de sujetos debe de ser impar.