9.3.11

Esta casa





Vivimos en el último edificio

de una ciudad sin mar.
Nuestro balcón da a un parque que nadie ha inaugurado
todavía y que nadie
conoce, porque el parque se confunde
con lo que ya no es parque sino tierra
yerma de las afueras de esta ciudad sin mar.

Pronto nos marcharemos de este sitio.

Y puedo imaginarme en Trinidad
recordando esta casa. Recordando el amor
creado y destruido, intransformable.

En un mundo ideal, en Trinidad,
yo estaría tomando un Whiskey Sour
con un resucitado Raymond Carver,
hablando de esta casa

contemplando el océano o en silencio

recordando esta casa, ya tan lejos
de aquel tiempo sencillo en la ciudad
que nos tenía fe por ser su fin.

Pronto nos marcharemos de este sitio.




B.C.



1 comment:

Volia Nihil said...

Hay que irse siempre, donde sea, pero no quedarse, jamás, porque no se puede, porque no se debe. Porque no, joder.