25.3.11

Tengo una cita con la Muerte

Tengo una cita con la Muerte


Tengo una cita con la Muerte (Poetas muertos en la Gran Guerra)

Borja Aguiló Obrador y Ben Clark (eds.)
Ediciones Linteo. Linteo
Poesía. 2011
ISBN. 978-84-96067-56-1
167 páginas.



Son varios los nombres que se utilizan para referirse a la guerra que arrasó Europa entre 1914 y 1918. De entre ellas, en el ámbito anglosajón, se suele utilizar, sobre todo, una: la Gran Guerra. Se ha escrito mucho sobre la Primera Guerra Mundial y se han recuperado muchos textos. El lector interesado en esta época convulsa, triste y fascinante tiene, a día de hoy, en castellano, cientos de libros a su disposición –desde ensayos hasta superventas de ficción–, pero ha tenido que pasar casi un siglo hasta poder leer, en nuestro idioma, la poesía de los jóvenes poeta
s que murieron en el frente. La selección de poemas que el lector tiene entre sus manos debe su existencia a otra antología, más extensa, publicada por primera vez en el Reino Unido en 1964: la magnífica obra Up the Line to Death. The War Poets 1914-1918 (Methuen Publishing Ltd), al cuidado de Brian Gardner.
Para diferenciarla de otras antologías parecidas, el propio Gardner impuso un primer filtro a la hora de seleccionar textos: debían ser de poetas directamente en contacto con el horror de la guerra. Los poemas bélicos escritos por elegantes señores en mansiones inglesas ya no podían tener ninguna validez poética. La guerra había cambiado. Los poetas habían cambiado. El mundo había cambiado y ya no era posible
volver a aquella era lírica previa a 1914, carente de voces curtidas en el horror. Tengo una cita con la Muerte, título que procede de un poema de Alan Seeger, establece un segundo e implacable criterio, el de la parca, para ofrecer una lectura continuada –en edición bilingüe– de una intensidad tétrica.
Poemas hoy conocidos, como los de Rupert Brooke, Wilfred Owen o Edward Thomas comparten trinchera con estremecedores testimonios en verso de autores que, de no figurar en la recopilación original de Gardner, probablemente nunca hubieran llegado al lector de poesía, lo cual hubiera sumado, sin duda, otra tragedia más a la de su propia muerte temprana. Un solo libro –de una sola guerra– para veintidós poetas, al fin y al cabo, muy distintos. Dura, crítica y, sobre todo, triste, la poesía de las
trincheras no puede compararse con ninguna otra. Todos los autores que figuran en el libro acudieron a su cita con la muerte y hoy, cien años después, tienen una cita con el lector hispanohablante y, como se verá, ellos son siempre fieles a su palabra.


B.A. y B.C.



Tengo una cita con la Muerte



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