4.5.11

Ella le preguntó quién fue Morfeo



There was no difference between the behavior of a god
and the operations of pure chance.

Thomas Pynchon


Ínclitas razas ubérrimas, sangre de España fecunda.

Rubén Darío




I

Petrificar un sueño en el papel,
redactar un instante de dulce duermevela.
Todo esto es imposible –ya lo sé–
y, con todo, lo intento; muerto de sueño escribo.

II

Propongo un hombre antiguo; primitivo ibicenco
sentado en una loma mientras mira hacia el mar,
piensa en el horizonte y en el sur,
en los mitos que sabe
y en todos los que ignora;
y ve cómo descansan los fenicios
cada uno bajo un árbol; un olivo longevo
que apenas simboliza un ademán,
un gesto hacia los dioses:
«oíd, aquí yacemos, recordadnos.
Recordadnos así, vivos en sueño».

III

Pero basta; avancemos varios siglos
hasta una discoteca de Madrid:
la sangre de aquel hombre
es hoy la de un muchacho de veinticuatro años
que intenta hablar contigo.
Tú lo ignoras, ya sabes lo que quiere.
Quiere un viaje hasta el centro de la noche de estaño
y dormir en tu pecho sin soñar.
No puedes permitirlo. Nadie puede dormir
junto a ti si no sabe la historia de Morfeo.

IV

Ínclitos brazos ubérrimos, sangre de olivo fecundo.
Es una historia triste la de un dios.
La de un dios fulminado. La de un dios que pedía
pocas cosas; dormir, tal vez soñar,
mirar desde una loma a los olivos
que retuercen los nudos de todos los fracasos
–fracasos del azar o de este dios–.
Y quisiera saber,
poder contar tu historia, el cuento de un hermano
solitario entre mil,
pero ya es imposible: las farolas se apagan
y en vez de estar en paz entre su pelo
estoy aquí leyendo
sobre ti en Internet, casi dormido,
pagando el precio amargo de no saber quién eras.

B.C.


1 comment:

Marciana o Mutante said...

Jolín, me gusta.