24.6.11

La anémona

Negro mar, cementerio de tentáculos,
asco y zozobra –el náufrago es más grande
que el mar–, pero aunque nade, aunque resista
da lo mismo: las pieles se conocen
–no puede arrebatarse su recuerdo–
y la anémona ríe
¿cómo puede seguir uno nadando?
y la anémona ríe, con sus sexos
de veneno bailando en tus oídos,
en tu boca, sus sexos de cadenas,
los brazos que me arrastran hasta el fondo.




B.C.

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