12.9.11

'Tengo una cita con la Muerte' en Babelia


Tengo una cita con la Muerte
Borja Aguiló y Ben Clark (Eds.)
Ediciones Linteo 2011.



Poesía. Para hacer justicia a este libro, habría que citar a todos y cada uno de los poetas que lo integran, 21 en total, todos muertos en la Primera Guerra Mundial, la mayoría en plena juventud. Todos son poetas en lengua inglesa. Las pequeñas reseñas biográficas que hay al final del libro nos informan de las precisas circunstancias de su muerte: murió ametrallado, de un tiro en la cabeza, derribado por aviones enemigos, murió en la batalla del Somme, de Arras, de Havrincourt, de Ypres, de... Estoy a punto de decir que todos son poemas memorables, en el sentido de que han conseguido lo más difícil, atrapar un instante de vida en las circunstancias más incompatibles con la vida, justo cuando la Muerte zumba alrededor de la manera más cruel y despiadada imaginable, en plena batalla, o cuando se avecina el combate, o cuando hay un remanso de paz y se puede recordar la vida perdida, y puede que para siempre (como así fue en todos los casos). Salvado ese reconocimiento general e indiscriminado, quizás el lado más antipático del libro es el que representan los poemas que intentan una justificación idealista de la guerra, tipo Rupert Brooke, con apelación a la sagrada causa de la patria que llevará a la muerte a los jóvenes sacrificados en ese altar de la Historia Sagrada de un país, o de la Humanidad en general. En el lado opuesto, exactamente en el contrario, están los salvajes poemas de verdadera y cruel guerra, con todos los detalles de la carnicería que provocan las bombas, la metralla, y el espanto de la muerte real, muy por encima de cualquier escamoteo en aras de esas grandiosas causas que empujan a los hombres a morir en plena juventud. Aquí Isaac Rosenberg y Wilfred Owen se llevan la palma, con poemas terribles como El vertedero de los muertos, del primero, o todos los que cierran este volumen, firmados por el segundo, el mejor poeta de todos, pero también el más inconmensurablemente desgarrador y acusador: "Hacia el norte, sin cesar, relampaguean y truenan los cañones / a lo lejos, como el oscuro rumor de alguna guerra / ¿Qué hacemos aquí?".

ÁNGEL RUPÉREZ
publicado el 03/09/2011 en




1 comment:

Anonymous said...

Así es como tienen que vivir los poetas. Dejándolo todo clarito antes de empezar a bailar. Suerte muchachos.
Winston Churchill