13.3.12

Andrés Monreal (1932-2012)

Andrés MonrealPhoto:
www.borjademadariaga.com


Triste por la noticia de la muerte, en Ibiza, del gran pintor Andrés Monreal. Dejo un artículo que publiqué hace cuatro años sobre sus cuadros y la historia que lo unía al mítico Bar Costa, en Santa Gertrudis; tras unas conversaciones con el también desaparecido Vicent Roig i Pi.
RIP.


Trementina, pa i oli

Fernando Alegría escribió que ‘Monreal buscó la belleza esencial en el misterio de este mundo que trascendió el desplome de las cornisas de la historia’. Todo cambia, es inevitable, y tienta decir que los verdaderos artistas son aquellos que han sabido incorporar el arte al cambio, pero no hay que olvidar a otra serie de artistas, distintos, que supieron interiorizar el cambio de los tiempos en beneficio del arte. A uno de estos seres me encomiendo para iniciar mi pesquisas monrealeñas, al gertrudienc Vicent Roig i Pi.
Hablando de cambio le comento a Vicent qué opina de la reforma del centro de Santa Gertrudis, es optimista y cree ‘una vez que estén los árboles y las farolas estará muy bien’. Él mismo confiesa que no tuvo la misma actitud cuando acudió al bar que había alquilado en el pueblo a una pareja francesa para descubrir que un tal Monreal le había hecho un enorme mural en la pared. ‘Entonces yo no entendía, me daba igual y pensé que cuando se marcharan pintaría, y punto’, cuenta hoy el dueño de una envidiable pinacoteca. Por suerte sus amigos ‘el metge Villangómez i en Rafelet’ contribuyeron a quitarle la idea de la cabeza y cuando los inquilinos dejaron el local –‘estuvieron dos meses y nueve días, cuando se supone que iban a estar dos años’– Monreal le ofreció pintar el resto de las paredes del bar: ‘¿Cuánto me pagas? Me dijo. Por la pared…¡Nada! Pero si me pintas una tela… dije. ¡Tú lo que quieres es poder venderla luego! Contestó él. Pero me trajo un cuadro, que ya no tengo, por cierto.’ El primer trato entre el artista chileno y el ibicenco no se mancilló con aquel dinero que Liza Minnelli, por aquellos años, decía que movía el mundo. ‘Unos quesos, y algún jamón’. Todo resuelto. ‘¡Si le di para un mes!’ Recuerda Roig.
Andrés Monreal, pintor de mirada penetrante, nació en Santiago de Chile en 1937 y antes de dedicarse a la pintura probó suerte en el cine. Y no le fue mal. Participó en distintas películas a lo largo de la década de los sesenta, como Mando Perdido (Los Centuriones) protagonizado por Anthony Quinn y Alain Delon, en 1967, donde hacía de un personaje llamado Ahmed. ‘Pagaban bien. Trabajabas en una película y podías vivir un año’. Un año para pintar.
Aunque su primera exposición de obras abstractas data de 1958, decidió dedicarse por completo a la pintura a partir de 1972. Sus cuadros son inquietantes y poderosos, con personajes espectrales de grandes ojos fijos, fuera del tiempo. Mientras converso con Vicent en su casa dos ‘monreals’ vigilan nuestras palabras desde la pared. Se me ocurre que igual extrañan la compañía de las decenas de cuadros que cubren hoy las paredes del bar Costa, y me pregunto cuál de los dos sitios preferiría Monreal para sus cuadros. Puede que le diera igual. ‘Big Casino night’ fue pintado en 1982 y las malas –o buenas– lenguas calculan que hoy su valor en el mercado podría superar fácilmente los 100.000 euros. ‘Él llegaba con un cuadro y me decía quiero ir a cenar con no se quién, dame 20.000 pesetas. Yo le sacaba un billete de 5.000, me lo cogía, refunfuñando, pero me lo cogía y me dejaba el cuadro. Siempre estábamos así. Aunque yo le iba pagando más a medida que el negocio me lo permitía.’
La madre de Monreal murió de cáncer el día después de que él partiera hacia Europa, con 30 años, en ocasiones las mujeres de sus cuadros me parecen estar llorando por un hijo ausente, en otras me parece que son los hombres –si es que son hombres– los que lloran por otro motivo. En otros momentos pienso que debería pedirle la cuenta a Vicent, nieto de Vicent.
Aquel cuadro que alimentó a Monreal un mes se llamaba ‘La última cena’ y fue el principio de una larga serie de cenas del artista y de otra serie de cenas, quizá infinitas, de clientes entre obras de arte. En una ocasión le preguntaron a Monreal si se consideraba, él que había vivido en Nueva York, París y Sant Mateu, un ciudadano del mundo: ‘soy un ciudadano de la calle donde vivo’, dijo. La calle de Santa Gertrudis que hoy cambia, como cambia el mundo, bajo la mirada de una colección singular de cuadros y de un mural que trascendió el desplome de las cornisas de la historia.



Ben Clark


1 comment:

Anonymous said...

~Pintame con Color~

Un prisma imprescindible
recorre el campo de la vida,
un arco iris de imprecisos colores,
un pajaro que vuela con alas ligeras
preguntan -cuando llega la Primavera-
y con tacto taciturno
se recuestan sobre la hierba...

Un esbozo de lluvia
se entrega al "cuajado forestal
y entre perfumes rocia a las flores,
los animales salen
de sus cuevas y madrigales
y con bostezos despiertan
a la "luz del dia...

La Tierra se llena de verde,
los arroyos se imploran
hacia los rios que rompen
sus "aguas junto a la Mar...

Los hogares se acurrucan
a un Sol de esplendor,
se atavian con ropas blancas
y se acogen a sendas con Amor...

Ya no buscan o quieren
arrogancias invernales
que se abrigan
a la lumbre de un Fuego,
se inclinan al "candor de gentes
y no soledad que embadurna
al corazon a un vacio de Rencor...


Ysa,


Feliz Primavera!!